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Jorge Dezcallar

OBSERVATORIO

Jorge Dezcallar

El virus regresa

Sin alarmismos, pero vuelve. La pandemia de la covid-19 recupera fuerza en Europa, que es hoy su epicentro mundial. Dos millones de contagiados durante la última semana. Claro que vivimos en sociedades desarrolladas y transparentes, lo primero nos permite contabilizar con precisión lo que ocurre y lo segundo hace que no lo ocultemos. En otros lugares ni son capaces de contar ni quieren reconocer públicamente el alcance de la tragedia que viven. La situación parece peor en Europa Central, donde los ciudadanos han mostrado más resistencia a vacunarse y eso ha obligado a Austria a cerrar todo salvo farmacias y supermercados mientras en otros países vuelven a imponer restricciones. También suben los contagios en los Estados Unidos (con un 60% de vacunados) y en Sudáfrica se acaba de descubrir una nueva variante tan preocupante que ha hecho caer el precio de las acciones, del petróleo y del Bitcoin. Por eso Londres ha prohibido los vuelos procedentes de Sudáfrica. El ministro alemán de Salud, Jens Spahn, ha dicho gráficamente que al final del invierno «en Alemania estaremos todos vacunados, recuperados o muertos» y se plantea la posibilidad de ordenar la vacunación forzosa. En varios países ya impiden a los no vacunados entrar en bares o restaurantes. Es lo que yo digo, que no se vacune el que no quiera pero luego que no se siente a mi lado en el cine. En otros lugares vuelve a ser obligatorio el uso de mascarillas mientras se estimula el teletrabajo. Lo malo es que los contagios aumentan también en lugares como Portugal, que es el país con mayor porcentaje de población vacunada.

No se sabe por qué. Una explicación sencilla es que con la llegada del frío la gente se reúne en espacios cerrados y eso facilita la expansión del virus. Otra es la reapertura de los colegios donde los menores de doce años apenas sufren los efectos del virus pero lo transmiten con eficacia. O dejar de usar mascarillas porque son una lata. Y sin duda todo eso influye pero lo cierto es que, como afirma Michael Osterholm, epidemiólogo de la universidad de Minnesota, los científicos ignoran más de lo que saben sobre la forma en que el virus se expande, y en realidad no sabemos cómo va a evolucionar en los próximos meses. David Leonhart dice que se extiende como un incendio en el bosque, con manchas de fuego aquí y allá pero sin una racionalidad clara que permita predecir su itinerario futuro. En realidad nunca en la historia de la humanidad se habían puesto tantos cerebros y tantos medios a trabajar juntos, y el resultado de conseguir vacunas en un año de investigación es un éxito sin precedentes aunque aún nos falte saber mucho. Por ejemplo no conocemos la duración de cobertura que ofrecen las vacunas ni si sirven para todas las variantes o si acabaremos teniendo que recibirlas anualmente como sucede con la gripe.

Lo que está claro es que en la misma Minnesota un estudio muestra que el porcentaje de fallecidos entre los vacunados con menos de 50 años se aproxima al 0% y por eso no vacunarse es una estupidez. Porque además contagias a otros y en el caso de los mayores de 80 años (incluidos los vacunados) existe riesgo de muerte. En España tenemos 80% de población vacunada y eso es un éxito pero a la vista de lo que ocurre en derredor sería muy estúpido por nuestra parte no poner las barbas a remojar. Esperemos que esta vez el gobierno utilice las herramientas legales adecuadas para las medidas que tome. No debería ser necesario recordar estas cosas, pero a la vista de lo visto todas las precauciones son pocas.

La gente está cansada después de dos años de confinamientos y la decisión de algunos gobiernos de reimponer restricciones se ha topado con graves disturbios en Dinamarca, Italia, Países Bajos, Croacia, Suiza.... Es algo comprensible pero poco inteligente. En algunos casos los organizadores eran partidos de ultraderecha y negacionistas, pero otros participantes lo hicieron por simple hartazgo y porque desean volver a «la normalidad». Ignoran que a lo mejor hemos entrado en una normalidad distinta, que esta situación puede durar mucho tiempo y que su actitud sólo contribuirá a hacerlo aún más largo.

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