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Gerardo Pérez Sánchez

crítica de cine

Gerardo Pérez Sánchez

Colorido e inquietante viaje al pasado

Última noche en el Soho me ha sorprendido gratamente. Su colorida puesta en escena se contrapone a una trama más oscura, dando como resultado un filme original y llamativo, y supone una evolución en la carrera de su director, Edgar Wright, conocido hasta la fecha por proyectos ligeramente gamberros y con ciertos destellos de lucidez (Arma fatal, Zombies Party, Bienvenidos al fin del mundo), y por la comedia de acción Baby Driver. El cineasta inglés abandona así alguna de sus señas de identidad para aventurarse en un thriller vinculado al género fantástico, un cambio brusco del que sale airoso. A mi juicio, de hecho, firma su mejor trabajo, el más redondo desde el punto de vista narrativo y el más atractivo en sus aspectos conceptual y visual.

Una escena de la película.

El principal mérito de esta propuesta reside en una acertada y sutil combinación entre reminiscencias del pasado y apuestas vanguardistas, de tal forma que se ofrece al público un cóctel de melancolía revestido de un toque singular, bien narrado y con los suficientes alicientes como para atraparlo en unos anzuelos sobradamente atractivos. Aun reconociendo que su contenido resulta bastante insustancial, supera con holgura las exigencias asociadas al nivel de entretenimiento.

Tal vez el principal problema radique en que su apuesta por el terror y la intriga no alcance la suficiente intensidad. Wright se limita a nadar cerca de la orilla, por lo que a los amantes más estrictos del género puede saberles a poco, mientras que quienes han confiado en la oferta tenebrosa quedarán también un tanto decepcionados. El guion tiende a ser un punto repetitivo a medida que avanza el metraje y da la impresión de que se podía haber sacado más jugo a una historia cuyo halo de ambigüedad termina por confundir más que por embelesar.

En cualquier caso, peso a no constituir ningún referente, se alza como una obra interesante y correcta que destaca en una cartelera cada vez menos original. Pese a la simpleza del mensaje que encierra, su presentación es rompedora y muy cuidada y, según mi parecer, su realizador ha crecido profesionalmente con este título que denuncia la cosificación de la mujer con mayor acierto que otros largometrajes publicitados con la etiqueta de feministas.

Una joven aficionada al mundo de la moda adquiere la capacidad de viajar en el tiempo hasta situarse en la década de los sesenta y se traslada al Londres de aquella época para conocer a uno de sus ídolos. Sin embargo, descubrirá que la vida en aquel Soho es muy diferente de lo que ella esperaba, desencadenándose una serie de sucesos que transformarán en pesadilla su sueño inicial.

El equipo artístico representa uno de los atractivos más importantes de la cinta, destacando la labor interpretativa de la actriz Anya Taylor-Joy quien, tras el éxito mundial de la serie televisiva Gambito de dama (que le reportó un Globo de Oro) ha impulsado notablemente su presencia en la industria cinematográfica. Posee algo difícil de definir pero fácil de reconocer, y que logra encandilar a la cámara. Su acertada actuación, sin duda, apuntala la película. Para el 2022 tiene previsto un estreno a las órdenes de David O. Russell y cuenta con un prometedor futuro por delante. Interviene asimismo Thomasin McKenzie (Jojo Rabbit, Tiempo), otra joven que apunta alto. Dentro de poco estrenará lo último de Jane Campion (El poder del perro) y su aportación merece también un aplauso. Completan el reparto Matt Smith (Secretos de Estado, la serie The Crown) y los veteranos Diana Rigg (007 al Servicio Secreto de su Majestad, El velo pintado) y Terence Stamp (Superman, Wall Street, Beltenebros).

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