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Joaquín Rábago

El fuerte declive de los Populares europeos

Con el próximo fin del Gobierno de coalición de Angela Merkel, todavía en funciones, se hace más patente que nunca el fuerte declive del Partido Popular europeo.

Tras dieciséis años – equivalentes a cuatro mandatos- el puesto de mando, Merkel cederá con toda probabilidad el cargo al que ha sido su vicecanciller y ministro de Finanzas, Olaf Scholz.

Este político socialdemócrata estará al frente de una coalición tripartita inédita a nivel federal, integrada por su partido y otros dos en principio muy distintos en lo ideológico: los Verdes y los Liberales.

Alemania entrará, pues, a formar parte del grupo de grandes países de la UE presididos por partidos no adscritos al grupo Popular en el Parlamento de Estrasburgo.

En España tenemos al socialista Pedro Sánchez; Francia la preside Emmanuel Macron, que creó en su día su propio partido –La République en Marche–, que pertenece al grupo liberal mientras que el jefe del Gobierno italiano y ex presidente del BCE, Mario Draghi, es un tecnócrata.

Cuando Merkel llegó joven al poder, el panorama europeo era muy otro: Francia la presidía Jacques Chirac, de la Unión por un Movimiento Popular, mientras que en Italia gobernaba el magnate de los medios y fundador de Forza Italia Silvio Berlusconi.

Llegarían luego al poder otros políticos conservadores como el líder del PP español, Mariano Rajoy, o el de la Plataforma Cívica polaca y presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, todos ellos pertenecientes al Partido Popular Europeo.

Con la salida de dos grupos tan importantes y que le aportaban tantos escaños como la CDU y su partido hermano bávaro, la CSU, el PPE se encuentra de pronto fuertemente mermado, capitidisminuido.

Seguirán integrando ese grupo sobre todo jefes de Gobierno de países mucho más pequeños como los de Grecia, Austria, Chipre, Rumanía, Eslovaquia y Eslovenia.

Se trata pues de partidos del sureste y del este de Europa, y, como señala el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung, el único miembro que queda de uno de los partidos fundadores de la UE será la cristianodemócrata alemana Ursula van der Leyen, que participa en las sesiones del Consejo, pero sin voto.

El declive de algunos de los partidos adscritos a los Populares Europeos tiene que ver sobre todo con la corrupción en su seno: tal es el caso, por ejemplo, del PP de Mariano Rajoy.

En Italia, la otrora poderosa Democracia Cristiana de De Gasperi y Andreotti se hundió también por los casos de corrupción y muchos de los políticos de ese partido encontraron refugio en el del populista Berlusconi, que siguió integrado en el PPE.

En Francia está el caso de su ex primer ministro François Fillon, que aspiró al palacio del Elíseo pero vio truncada su carrera al ser condenado por malversación de fondos públicos tras contratar de manera fraudulenta a su esposa como asistente parlamentaria.

Casi dos esos partidos conservadores tenían en común su excesiva proximidad al empresariado, la defensa de la familia tradicional y de la identidad cultural y nacional así como el rechazo, o al menos limitación de la inmigración.

Temas todos ellos que recogieron y en los que profundizaron los nuevos partidos populistas de extrema derecha: desde el Frente Nacional de Jean-Marie y luego Marine Le Pen, que cambió su nombre por el de Rassemblement National, en Francia, hasta la Lega Nord de Matteo Salvini o Fratelli d´Italia, de Giorgia Meloni, en ese país, o el Vox de Santiago Abascal, entre nosotros.

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