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Jorge Bethencourt

MANUAL DE OBJECIONES

Jorge Bethencourt

Sostenella y no enmendalla

El administrador único de la Televisión Canaria, Francisco Moreno, metió la pata hasta las nalgas en un charco de aguas fecales cuando anunció un programa de entrevistas, Mentes divergentes, financiado y realizado por el Cabildo de Tenerife y presentado por su vicepresidente, Enrique Arriaga, que iba a ser emitido por la Televisión Canaria, entre eructo y eructo del volcán de La Palma.

En un apresurado argumentario que bien podría haber sido redactado por el equipo de propaganda de la presidencia de Corea del Norte, Moreno confundió el culo con las témporas criticando a quienes se habían escandalizado por la noticia porque pretendían «hacer daño personal y al medio». El señor Arriaga es un tipo inteligente y perfectamente capaz de presentar un programa de entrevistas, escribir un libro o elaborar un tratado sobre Tales de Mileto. Nadie lo discute. Pero lo que causó estupor no eran las cualidades del político de Ciudadanos ni de un supuesto —e inexistente— intrusismo profesional. Lo disparatado es que la tele pública emitiera un programa protagonizado por un político en activo que podría ser candidato, por su partido o por otro, en las próximas elecciones.

No se puede difundir un programa conducido por un político en activo por la sencilla razón de que entonces todos y cada uno de los cargos públicos de Canarias tendrían el mismo derecho. Porque la televisión es de todos, aunque algunos piensen que no. Y se corre el riesgo de que ayuntamientos, cabildos y consejerías se conviertan en productoras de programas para llevarlos como pan caliente hasta la antena de la televisión regional. O sea, un disparate.

El administrador, que es un tipo listo, ha terminado pidiendo disculpas por haber cometido un error de cálculo. Hace bien, porque se había equivocado desde el cabo hasta el rabo. Pero el vicepresidente Arriaga persiste en mantener que la oposición le critica «porque forma parte de su estrategia». Bueno, y porque él se lo ha puesto muy fácil. No dudo de que el único propósito de los frustrados programas haya sido divulgar el valor de diez personalidades canarias, aunque de paso se diera inevitable lustre a la figura de Arriaga. Pero fue una pifia. En una televisión privada, que emite lo que le da la gana, habría polémica sobre si el Cabildo de Tenerife puede gastar dinero en producir programas de televisión a mayor gloria de sus dirigentes. En un medio público es impensable.

Las nuevas declaraciones de Arriaga sobraban bastante. Algún alma caritativa debería decirle que la única manera de apagar un incendio es dejar de echar madera en las llamas.

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