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José Vicente González Bethencourt

La Palma, isla segura, ven a verla

El sábado pasado embarqué en Los Cristianos rumbo a La Palma, y aunque llegué de noche, antes de ir al hotel me acerqué a la Avenida Marítima de Santa Cruz de la Palma y salvo la negra ceniza que la cubría, todo lo demás parecía normal, con mucho ambiente, los restaurantes y terrazas a tope, si bien se percibía cierta tristeza.

A la mañana siguiente, domingo, tuve tiempo para acercarme al santuario de las Nieves, visité a mi familia de Velhoco para darles ánimo, y me dirigí a Los Llanos de Aridane, querida ciudad donde viví unos cuantos años de mi juventud. Una vez pasado el túnel de la cumbre, pronto observé en el cielo los resplandores de la erupción del volcán aún sin nombre. Con un tráfico muy ordenado por la Guardia Civil y Protección Civil, paré en la primera gasolinera de El Paso, donde fotógrafos y cámaras de televisión compartían espacio con los ciudadanos en un ambiente de armonía y mucha expectación, con un semblante de preocupación.

Continué hacia Tajuya, y tras aparcar, no sin antes asegurarme de que no molestaba a ningún vecino, caminando llegué a la plaza de la Iglesia, donde numerosos periodistas realizaban su trabajo, y muchos ciudadanos, en silencio y con respeto, contemplaban la poderosa erupción del insaciable volcán y oían su estruendo estremecedor. Desde dicho mirador de Tajuya se puede apreciar el trayecto de lo que a su paso engulló la lava en dirección a la costa de Tazacorte.

Seguí hacia Los Llanos de Aridane, y, como siempre, el sabroso cortado en el kiosco de la plaza de la Iglesia, que, a pesar del insistente barrido por parte de operarios municipales y vecinos, seguía en parte cubierta por la negra ceniza. Subí a la Montaña de Tenisca y desde el pequeño castillo de la Virgen pude apreciar un poco mejor el trayecto de la lava y la destrucción que a su paso hizo por El Paraíso, La Laguna y Todoque hasta llegar a la Playa Nueva o de Los Guirres, en Tazacorte.

Por la tarde volví al mirador de Tajuya, y absorto contemplando una tragedia sin precedentes, de pronto noté la sensación de lluvia. Pero no, no era agua sino el golpeteo de la ceniza contra mi cabeza y todo mi cuerpo. Coincidió con un momento en que el bramido del volcán se hizo más elocuente.

Volví al anochecer y la visión de un enfurecido cielo rojo sobre una montaña incandescente regada de piroclastos, echando fuego por sus bocas, junto al discurrir de la lava incandescente en dirección a la costa, resultó estremecedora. En ese momento puedes pensar en lo que quieras, pero en nada que supere la sensación de poderío de un gigante de la Naturaleza arrastrando la encendida lava desde las entrañas de la tierra de Cumbre Vieja hasta el mar, destrozando los proyectos de vida de tantos palmeros y palmeras, cubriendo más 900 hectáreas, sepultando más de dos mil edificaciones, muchas carreteras y obligado a unas siete mil personas a abandonar sus hogares en busca de un nuevo techo.

Afortunadamente, gracias a la excelente coordinación entre científicos, autoridades de distintos signos políticos, y sobre todo a la disciplina y entrega de la ejemplar ciudadanía palmera, no ha habido que lamentar pérdidas humanas, siendo ahora La Palma super conocida en el mundo entero porque de todo él ha recibido múltiples ayudas.

Lamentablemente, noticias desacertadas y sin fundamento científico han asociado la erupción con consecuencias tremendistas y desproporcionadas, lo que produce un daño enorme a la economía de la isla, por lo que, además de la necesaria información veraz y rigurosa, hay que decir que La Palma es un territorio seguro, donde la vida de los palmeros y palmeras discurre con tristeza, sí, pero con mucha fuerza, por lo que es el momento de visitarla para apoyar a sus empresas, restaurantes, hoteles, comercios, medios de transporte, su agricultura, su pesca, en suma, su economía. Así que ahora, más que nunca, La Palma te invita a que la visites para ayudar a superar una catástrofe natural que afecta al 8% de su territorio.

Así que vente a La Palma, una isla segura, que, con los brazos abiertos, te espera.

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