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Jorge Bethencourt

Manual de objeciones

Jorge Bethencourt

Campeones del paro, otra vez

Canarias vuelve a ser campeona del paro, con una tasa del 23,8%, la mayor del Estado (exceptuando a Ceuta) y una de las más escalofriantes de la Unión Europea. Pero hace tiempo que ese dato ha dejado de preocuparnos. Vivimos con él como quien comparte una cueva con un oso pardo. Tenemos 275 mil parados como quien tiene un grano en el cogote. Molesto, pero llevadero. Y nos damos todo tipo de explicaciones tan sofisticadas como que «los canarios es que no queremos trabajar», que los sueldos son tan bajos que entre las ayudas oficiales y los cáncamos no sale a cuenta salir del paro, que no hay movilidad…

En la Macarronesia Guanche no funcionan las leyes del sentido común. Durante décadas de crecimiento económico hemos importado mano de obra foránea a espuertas. Porque, según decían, estaba mejor preparada –idiomas– para trabajar en el sector turístico. Sí. Y además porque era más barata. El excedente de mano de obra es un paraíso para quien tiene que contratar, porque no tiene presión para aumentar los salarios. Canarias, por cierto, tiene hoy casi 60 mil activos más que la media del año pasado y casi 30 mil parados más.

Durante esos mismos años, las administraciones públicas han enchufado una manguera de fondos públicos a entidades oficiales, patronales y a algunos sindicatos, para la formación y cualificación de los trabajadores colgados de la brocha. Los fondos de formación, en algún momento de la historia, se convirtieron casi un fin en sí mismo. Un negocio más que ayudaba a sostener a organizaciones que estaban en precario.

Y así nos hemos ido engañando. Tenemos trabajadores más cualificados, con más competencia en idiomas y más jóvenes… y 275 mil parados. Y seguimos importando mano de obra. Los cinturones turísticos del Sur se han convertido en grandes bolsas residenciales de gente de todos los rincones del mundo. Y eso no es malo; es solo una realidad. Una que coexiste con que en estas islas tenemos una economía sumergida, una industria del cáncamo y del fraude fiscal, que supone el 30% del PIB de las islas. O sea, unos doce mil millones de euros. Que es muchísima pasta moviéndose por las alcantarillas. Y eso tampoco es que sea malo, es otra realidad.

Las ley de la gravedad no funciona por razones morales. Si se tiras de boca sabes que no vas a flotar en el aire y que si no pones las manos te vas a romper los piños. En Canarias hemos cerrado los ojos a la lógica de las cosas. Lo que pasa es la consecuencia de lo que hacemos. Con un solo motor económico, atrayendo a miles y miles de personas, con dos crisis a las espaldas… Esperar otros resultados sería de idiotas.

Las previsiones y la realidad

El hombre propone y Dios dispone, decían en la época de la España del Catecismo. Hoy podríamos parafrasear, laicamente, que los gobiernos proponen y la realidad dispone. Las previsiones de España para el año próximo las han pasado por la piedra los organismos financieros internacionales. Ni vamos a crecer lo que se ha anunciado, ni se va a recaudar lo que se ha dicho. Al Gobierno de Canarias le pasa lo mismo, pero con trazos más gruesos. La Autoridad Fiscal Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) rebaja casi a la mitad las expectativas de crecimiento del PIB de las islas, del 13,9% que dice el Gobierno al 7,4% que dice la AIReF —casi dos mil quinientos millones menos— que, de paso, baja en dos puntos el crecimiento para este mismo año (del 8,1 al 6,1%). Y si vamos a crecer la mitad, háganse una idea que todos los demás cálculos se van al traste. ¿Quién tiene razón? Parece que van a ser los pesimistas. Vamos a acabar el año con un incremento del IPC medio de entre 3 y 4 puntos: o sea, más empobrecidos. El alza de los combustibles está afectando al costo de la energía y a las industrias y los hogares. Las materias primas escasean y los costos del transporte se han disparado. Para unas islas que dependen del transporte no pinta nada bien.

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