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Relevo en Capitanía

El teniente general Carlos Palacios Zaforteza ya no es el general jefe del Mando de Canarias. Ya no es nuestro capitán general. El pasado lunes, día 11, tomó posesión de su nuevo destino de segundo jefe de Estado Mayor del Ejército de Tierra (2º JEME). No puedo hablar en su nombre pero estoy convencido que ha aceptado ese destino por razón de obediencia. Lo decía Pedro Calderón de la Barca en sus famosos versos: «Aquí la más principal hazaña es obedecer y el modo como ha de ser es ni pedir ni rehusar». Ni pedir ni rehusar. Puedo asegurar que no lo ha pedido. Ha sido una decisión de la ministra de Defensa en la reorganización de la cúpula de mandos del Ejército de Tierra, reorganización obligada por el pase a la reserva del general de ejército Francisco Javier Varela Salas, hasta ahora general JEME. Tampoco lo ha rehusado. Sobre su destino podría repetir la frase de su antecesor en el cargo de capitán general de Canarias, el general Weyler, cuando fue destinado a las Islas. Decía: «No siendo muy apetecido, lo aceptaba, dispuesto a desempeñarlo con el mayor entusiasmo». Y conociendo la personalidad del general Palacios puedo afirmar que el próximo lunes estará en su despacho del Palacio de Buenavista poniendo todo su entusiasmo en sus nuevas y apasionantes obligaciones.

El general Carlos Gabriel Palacios Zaforteza tomó posesión de su cargo de general jefe del Mando de Canarias el 23 de febrero de 2018. Se presentó ante nosotros presumiendo de isleño: «Como mallorquín de nacimiento, conozco la sensación que la distancia a la Península tiene sobre sus gentes, distancia que este caso se antoja muy superior. Pero como decía un ilustre canario, mejor español, Benito Pérez Galdós, nosotros los más distantes seamos los más próximos al corazón de la Patria. Será pues esa fortaleza moral la que nos hará servir y trabajar juntos cada día más por incrementar el prestigio de nuestra querida España».

Le avala una brillante hoja de servicios, porque en estas últimas generaciones de altos mandos de la milicia sus expedientes parecen clonados: todos tienen infinidad de cursos nacionales y extranjeros, todos dominan varios idiomas, todos han participado en misiones en el exterior y todos tienen multitud de condecoraciones. Es difícil encontrar excepciones. En este caso, el general Palacios posee los idiomas inglés y francés. En el lenguaje militar, posee quiere decir que habla y escribe correctamente estos idiomas, y para alcanzar ese nivel ha tenido que acreditarlo ante los tribunales de la Escuela Militar de Idiomas y lo mismo podía haber hecho con el italiano, porque durante tres años, siendo comandante, estuvo destinado en Nápoles, en el Cuartel General de la OTAN. Esa brillante y extensa carrera militar ha sido como una carrera de obstáculos. Y de eso sabe mucho porque hace nada menos que 42 años, de cadete en la Academia General Militar, estableció un record en los 3.000 metros obstáculos que aún no ha sido superado. Pero esa brillante carrera con continuos cambios de destino, con muchas horas dedicadas al estudio, con muchas ausencias del hogar, no hubiese podido desarrollarla de no haber tenido una gran mujer: Cuca Rosaleny Pardo de Santayana, dos apellidos de gran raigambre en el mundo militar.

Durante su mandato, con motivo de la entrada en vigor de la nueva estructura orgánica del Ejército de Tierra, el Mando de Canarias ha asumido el mando de las comandancias generales de Ceuta, Melilla y Baleares, del Regimiento de Transmisiones nº 22 y del Regimiento de Guerra Electrónica nº 32. En total, encuadra actualmente a cerca de 15.000 militares. Ha sido un salto cualitativo y cuantitativo en la importancia de la Capitanía General de Canarias, que ha pasado de ser un mando casi representativo a tener un gran mando real sobre muchas unidades. Pero también durante su mandato apareció la pandemia, el covid-19. En la noche del sábado 29 de febrero de 2020, sábado de piñata, el general Palacios, perfectamente integrado y disfrutando como un canario más de los carnavales, se encontraba en el Casino convenientemente disfrazado de Zorro, a lo Antonio Banderas. No podía suponer que muy poco después le llamaría la ministra de Defensa para comunicarle que le había nombrado jefe del Componente Terrestre de la Operación Balmis. Fue un trabajo sorprendentemente efectivo, en esa lucha contra la pandemia, prestando ayuda a la población civil que todavía hoy recuerda con admiración y agradecimiento. Terminada la misión, el teniente general Palacios impartió conferencias en el Casino, en la Real Sociedad Económica de Amigos del País, en Las Palmas. Fueron unas brillantes conferencias que, soy testigo, llegaron a emocionar al auditorio. Palacios hace el número 73 entre los generales que a partir de Weyler han ocupado el Palacio de Capitanía General, que acaba de celebrar el 140 aniversario. He tenido el honor de colaborar a esa celebración –y por lo tanto la ocasión de ponerme a sus órdenes– y he podido comprobar que es un perfecto jefe que sabe escuchar la opinión de sus subordinados y decidir con prontitud y acierto. No puedo pasar por alto la consideración, el respeto y el cariño que ha dispensado a ese grupo de militares retirados, al que pertenezco, que se conoce como el Club de los Usados. Su deferencia ha llegado hasta a reunirnos en Capitanía para informarnos y tenernos al día. Dentro de pocos días, el matrimonio Palacios Rosaleny abandonará la que ha sido su casa durante casi cuatro años para trasladarse a Madrid. Pero son tantos los amigos que dejan en todos los ámbitos, militar, político, periodístico. También en sociedades como el Casino, Círculo de Amistad, Gabinete Literario. Por eso no hay que despedirles, sólo decirles: hasta pronto.

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