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Alfonso González Jerez

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Alfonso González Jerez

Cambios navideños

Ayer, al finalizar el Consejo de Gobierno de Canarias, algunos compañeros se vieron sorprendidos al encontrar que ejercería de portavoz para transmitir los acuerdos del Ejecutivo Antonio Olivera, viceconsejero de Presidencia, y no, como es habitual, Julio Pérez, consejero de Administraciones Públicas y Seguridad, que prácticamente desde el comienzo del mandato había asumido una portavocía más o menos informal. Hace no mucho tiempo los gobiernos gustaban de tener un portavoz con su propia oficina, pero la práctica cayó en desuso. Los portavoces tienen a expandirse, como la gripe, y terminan desplegando su propio organigrama, una oficina con cargos, sueltos, teléfono, dietas, papeleo. Los jefes de gabinete y, en general, todo el tupido engranaje que rodea a un jefe de Gobierno suele desconfiar de organismos que crecen, engordan y no controlan directamente. Así que se ha regresado a la costumbre de que un miembro del gabinete cargue con la portavocía. En el Gobierno español la portavoz es Isabel Rodríguez, ministra de Política Territorial y Función Pública, que sustituyó en tales menesteres a María Jesús Montero, ministra de Hacienda. El único rastro que queda en el Ejecutivo regional es un exportavoz en la etapa de Paulino Rivero que Román Rodríguez designó alto cargo en Vicepresidencia –la vicepresidencia es políticamente una simple condición de suplencia, pero se la burocratizado y se la utiliza para llenarla de vistosos o grisáceos cargos borriqueros– a principios de la legislatura.

Corre por las esquinas un insistente rumor, según el cual el presidente Torres procederá inmediatamente antes o después de las navidades a una remodelación de su gabinete, una vez concluidos los procesos congresuales que ocupan al PSOE, y que se abren el próximo fin de semana, con el XL Congreso Federal. Obviamente los cambios afectarían únicamente a las áreas controladas por los socialistas. Torres intentaría así ofrecer un nuevo impulso a su equipo con la vista puesta en las elecciones autonómicas y locales de mayo de 2023, es decir, para el último año y medio de legislatura. Según algunos la terrible situación de La Palma ha congelado estos planes. Según otros los cambios se efectuarán de todas formas, porque cabe esperar –con un fisco de optimismo– que el maldito volcán haya dejado de escupir fuego y lava dentro de algunas semanas y pueda empezar entonces la ardua y compleja reconstrucción de la economía palmera.

Los mismos chismosos aseguran que Olivera quiere ser (legítimamente) consejero del Gobierno. Le sobra curriculum y experiencia, capacidad e inteligencia. En realidad es una figura central en el Gobierno: filtra, transmite y versiona la información que se recibe en Presidencia desde todos los departamentos, pero muy principalmente, la información de carácter económico y empresarial. Y es un buen pedagogo y, acaso, el colaborador más eficiente y eficaz de Torres. Después de un periodo de suma discreción, Olivera ha estado cada vez más presente, más visible y más audible en el espacio público, abandonando la sombra relajante de los visillos de los despachos. ¿Quién mejor que él, convertido en responsable de una superconsejería, para supervisar la gestión de los fondos extraordinarios de la UE y las inversiones en Canarias? ¿De veras que se va a dejar ocupar todo el espacio político en esta coyuntura a Román Rodríguez? ¿En qué otra persona con similar perfil técnico podría fiarse el jefe del Gobierno? Aparte de este cambio se efectuarían, por supuesto, algunos reajustes menores. Todavía puede ser un horizonte de reflexión, pero Torres, a la vuelta de los congresos, deberá tomar (o no) una decisión al respecto. Y el único problema que tendría el ascenso de Olivera a los cielos gubernamentales es quien sustituiría con similar solvencia a Antonio Olivera como viceconsejero de la Presidencia.

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