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Alfonso González Jerez

Crónica parlamentaria

Alfonso González Jerez

Pedro Sánchez, Kim Kardashian y 200.000 euros de remanente

Las palabras más desoladas (y desoladoras) pronunciadas por Ángel Víctor Torres es que esto «no sabemos si durará semanas o meses»

Llegó Su Sanchidad a La Palma por cuarta o quinta vez, ya no lo recuerda uno, para volver a proclamar que, por supuesto, toda España está con los palmeros, que se van a destinar a restañar las heridas volcánicas sopotocientos millones más, o quizás sopotocientos y uno, porque ya el listado de ayudas, de millones, de exenciones, de inversiones, en fin, toda la melodía salvífica se ha convertido en una polca, una polca que bailan disciplinadamente todo los enanos del Gobierno –que no son pocos - en una danza cada vez más rápida, cada vez más agitada y espasmódica, cada vez más cargada de incertidumbre. Después de los destrozos de la catástrofe, lo peor es la incertidumbre. Lo peor para la población palmera, y especialmente para la gente del valle de Aridane, pero lo peor, también, para el Gobierno, porque si existe una variante escasamente controlable para un gobierno posmoderno que lleva twitter como una corona de gloria en la cabeza es la puñetera incertidumbre. Las palabras más desoladas (y desoladoras) pronunciadas por el presidente Ángel Víctor Torres es que esto «no sabemos si durará semanas o meses». Ayer lo repitió al dirigirse, por vía telemática, al Comité de las Regiones de la Unión Europea. Cuanto más meses dure la erupción por sus distintas bocas de fuego, mayor será la destrucción, y ni siquiera cabe descartar de manera fiable que no estallen nuevos volcanes. La crisis crece día a día, se desborda día a día, se agrava día a día. Y por el momento se puede hacer poco. Todavía no se ha entregado el primer paquete de nuevas viviendas a los damnificados. La inmensa mayoría de ellos lo entienden como una solución habitacional provisional. Porque quieren regresar a sus solares, aunque los cubran ahora mismo dos, tres, cinco metros de lava. Reconozco que hace la pasada semana escuché a un locutor radiofónico grancanario que estuvo en La Palma 48 horas y comentó con chulería satisfecha que la gente no estaba en la calle, sino durmiendo con familiares. Meter en un piso de tres habitaciones repentinamente a cuatro o cinco personas le parecía indigno de mención al figuras este. Y así va todo, entre las ignorancias petulantes y los melodramatismos fascinados por la catástrofe. En el pleno de ayer el consejero de Transición Ecológica – macrodepartamento donde se incrustó en julio de 2019 la Dirección General de Aguas –aclaró que el agua que generarán las desaladoras portátiles y la que trasladará el buque cisterna «no servirá para salvar las cosechas, sino para mantener vivas las plataneras». Lo que dijo José Antonio Valbuena era exacto, pero desconocido para la inmensa mayoría. Las piñas actuales están condenadas. Las fincas, con suerte, no volverán a estar en explotación normalizada hasta el próximo año. Son cientos de familias que se han a quedar sin un céntimo aunque les cure el consuelo de que no perderán las matas. No todas al menos. Es un impresionante desgarrón económico y social para la mejor zona platanera de La Palma.

El pleno, en realidad, se dio la vuelta como un calcetín. La visita de Pedro Sánchez a La Palma obligó a la del presidente Torres y otros responsables gubernamentales, como la del consejero de Administraciones Públicas, Julio Pérez, a trasladarse a la isla torturada, así que el orden de la sesión debió variar. Fue un pleno extraño y ligeramente deshabitado con largos periodos de asueto por parte de sus señorías, que se iban a tomar café, fisgonear en los móviles e intercambiar chismes; otros, como la diputada Socorro Beato, no dejaban de repasar papeles y tomar notas, como si estuvieran preparando una oposición a Notarías, ajenos a lo que se comentaba desde la tribuna. En general, aunque resulte pasmoso, el Gobierno se dedicó a contar lo razonablemente bien que van las cosas, según su tónica habitual en el último año y medio. No es ocioso recordar que apenas mes y medio después de acabar el confinamiento generalizado de la población el presidente Torres hablaba de una inminente recuperación turística. El Gobierno progresista necesita del optimismo como Kim Kardashian necesita de su cirujano especialista en glúteos. Sí, en efecto: ni es natural ni sale barato. Ayer los indicios fueron múltiples. Sebastián Franquis, consejero de Obras Públicas Invisibles, le afeó la pregunta – una pregunta singularmente pertinente – a Ricardo Fernández de la Puente, que criticó con acidez que el Gobierno central no incluyera en el DORA II una nueva terminal para el aeropuerto Reina Sofía, como han reclamado el Cabildo tinerfeño, los ayuntamientos del Sur y los empresarios turísticos, Franquis dijo que en DORA I había dedicado más de 100 millones de euros al Reina Sofía y que las cosas se consiguen dialogando, no poniéndose farruco ni exigiendo nada. El señor Franquis parecía hablar como alguien escandalizado ante el camarero que exige un aumento de sueldo y no se sienta a dialogar con el patrón sobre si se le echa hoy o mañana. Era exactamente ese tono y esa convicción. No arrugue usted la cara, señoría, que se pone feo. Después hubo una comparecencia de la consejera de Educación, Manuela Armas, que le terminó diciendo al atribulado alcalde de El Paso que estaba equivocado, que no había problemas ni falta de agilidad en la administración educativa en La Palma. El alcalde casi se encoge de hombros: el hombre tenía otras cosas que hacer en vez de escuchar las tontadas autojustificadoras de la consejera. Lo mejor fueron las respuestas mañaneras y la comparecencia vespertina de Noemí Santana, un riquirracazumbalavaca bastante penoso para demostrar que en punto de políticas de bienestar social Canarias y Noruega convergían a toda velocidad. La diputada y exconsejera Cristina Valido demostró con cifras oficiales en la mano que Santana y su equipo no tenían demasiado de lo que pavonearse: en 2017 se concedieron un 60% más de Prestaciones de Inserción que lo aprobado por Santana con una Consejería más dotada presupuestariamente y con más personal técnico y administrativo. Santana sufrió algo parecido a un ataque de beriberi, agitando compulsivamente papeles y manos en un intento infructuoso de exorcizar a Valido, que la contemplaba, todo sea dicho, como contemplan muchos automovilistas un accidente estúpido a la vera del camino. Es difícil crecer y hacerse una persona adulta y descubrir que las convicciones ideológicas no son mágicamente premiadas por la realidad.

En la pausa del mediodía Vidina Espino, exdiputada de Ciudadanos, anunció que el Grupo Mixto había decidido reintegrar 200.000 euros de sus fondos a la hacienda del Parlamento para que lo donara a los damnificados de la Cámara. En realidad la que fuera candidata presidencial de Ciudadanos en 2019 trató de varios asuntos en su rueda de prensa, pero lo de las perras fue fulminante. Ciudadanos salió escopetado con un comunicado donde llamaba cinco veces tránsfuga a Espino en folio y medio – no lo es ni lo ha decidido así ni la Mesa de la Cámara ni ningún juzgado– para afirmar tajantemente que Ricardo Fernández de la Puente, su diputado, no fue consultado al respecto, tránsfuga, tránsfuga y retránsfuga. Es curioso que Espino concite semejantes odios africanos entre excompañeros y dirigentes del actual Gobierno. A mí lo que me dejó estupefacto es que Ciudadanos (dos diputados hasta anteayer), en el Grupo Mixto, tenga un remanente de gasto de 200.000 euros. ¡Nada menos que un remanente de 200.000 euros! ¿Cómo no han contratado a Iván Redondo para una masterclass al menos? Y menos comprensiblemente todavía, ¿cómo Fernández de la Puente lleva esas corbatas?

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