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Cuando la malaria mataba europeos

Empeñados en doblegar definitivamente el covid-19, desde el primer mundo puede que no hayamos prestado suficiente atención a una noticia médica de gran importancia para el futuro de la humanidad: la OMS ha dado el visto bueno al inicio de una campaña de vacunación masiva contra la malaria. Esta enfermedad cada año mata 400.000 personas, 260.000 de las cuales son niños africanos de menos de cinco años.

Vacunación contra la malaria en Yala (Kenia).

Todo esto parece quedar muy lejos desde nuestra privilegiada Europa, pero no hace tanto la malaria también azotaba al Viejo Continente. Durante siglos estuvo presente en esta parte del mundo. De hecho, su nombre significa «mal aire» en italiano antiguo. El término nació en la Edad Media, cuando los médicos, basándose en los conocimientos heredados de la antigua Roma, creían que las enfermedades se transmitían a través de las emanaciones fétidas de las aguas impuras. Según ellos estos malos olores (malos aires) provocaban las enfermedades. Hoy la llamada teoría miasmática es una hipótesis totalmente superada por la ciencia.

Durante los siglos IV y V a. C., la medicina hipocrática griega describió que cerca de donde había agua estancada proliferaban casos con cuadros de fiebre fácilmente identificable con la malaria. En Roma también hay testigos de episodios similares durante los siglos I y II d. C. De hecho, según un artículo publicado en la revista Medical History por el equipo del Instituto de Ciencia y Tecnología de la Universidad de Manchester encabezado por el doctor Robert Sallares, apunta a la malaria como uno de los elementos clave de la caída del Imperio romano, por la gran mortalidad que provocó.

Después, en la época medieval, fue avanzando más allá de la península itálica y llegó a las zonas de las actuales Francia, Alemania y Reino Unido. Esto fue posible tanto por las condiciones climatológicas favorables como por el crecimiento urbano de las ciudades. El aumento de la densidad de población favorecía la aparición de enfermedades contagiosas.

La malaria fue una de tantas enfermedades que los europeos diseminaron por América cuando empezaron a colonizar aquel continente. Fue allí donde encontraron los primeros remedios naturales para hacer frente a las fiebres: el árbol de la quina, del que se extraía la quinina. El remedio enseguida se importó a Europa y esto quizás evitó un real desastre en Francia. Cuando en el siglo XVII a Luis XIV se le puso en la cabeza convertir Versalles en el palacio más grande que se hubiera visto jamás, movilizó a 36.000 trabajadores. Muchos de los que se encargaron de la construcción de los jardines murieron por culpa de la malaria. Las fuentes hablan de «miles» de víctimas, sin especificar la cantidad. El propio heredero al trono, el Delfín, contrajo la enfermedad pero se salvó gracias a la quinina.

Según los científicos especializados en paleomicrobiologia, la enfermedad iba avanzando cuando algún tipo de mosquito podía transmitirla. Esto explica que siempre apareciera en zonas húmedas. Por ejemplo, allí donde se hacían canales como Saimaa (Finlandia) o Panamá. O en las trincheras. Durante la Primera Guerra Mundial, los soldados se pasaron meses y meses enterrados en vida en largas líneas de frente excavadas en medio de Europa en unas condiciones insalubres. Más mortíferas que las armas enemigas, lo fueron las enfermedades. Entre ellas la malaria. El Imperio británico, solo en 1917, perdió 70.000 soldados por culpa de las fiebres.

EEUU también pudo comprobar que una enfermedad podía ser tan mortal como el ejército mejor armado. Durante la Segunda Guerra Mundial, medio millón de efectivos desplegados en la zona del Pacífico fueron infectados y se calcula que unos 60.000 murieron de malaria.

A partir de la segunda mitad del siglo XX, se fue controlando su expansión aunque a costa de gravísimas consecuencias para el medio ambiente y la salud humana, sobre todo cuando se usó el insecticida DDT para eliminar los mosquitos. Desde entonces fue quedando localizada en países del llamado Tercer Mundo y esto hizo que la búsqueda para encontrarle remedio se ralentizara mucho. Entre las enfermedades también hay diferencias entre ricos y pobres.

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