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Humberto Hernández

OBSERVATORIO

Humberto Hernández

Palabras sobre el volcán

Que los canarios deberíamos plantearnos la conveniencia de seguir construyendo casas cerca del volcán es lo que nos recomiendan algunos comunicadores peninsulares que presumen de poseer un dominio absoluto de las diferentes disciplinas, ahora de la vulcanología. ¡Con lo bien que lo pasaba yo correteando por aquellos volcanes aledaños a mi pueblo que llegaban a la costa y se adentraban en el mar, para que ahora vengan a advertirme de los riesgos que corremos en Canarias por vivir en terrenos tan peligrosos por la potencial amenaza de una erupción! Una nueva preocupación metafísica que debe resolver la isleña ciudadanía: de dónde venimos, a dónde vamos y sobre qué trozo de tierra deberíamos construir nuestras casas, nuestros pueblos, nuestras ciudades. Me tranquiliza saber que compartimos similar preocupación con los millones de personas que decidieron instalarse en la temblorosa falla de San Andrés o en el cinturón de fuego del Pacífico. Y que, como ellos, insistimos en vivir sobre el volcán, sencillamente porque en él se hunden profundamente nuestras raíces, nuestros sueños y nuestros desvelos, y porque, aunque a veces el volcán nos pueda hacer llorar, dudo que decidiéramos cambiar su cálido cobijo por la supuesta seguridad de otros lugares más exuberantes y exóticos tal vez.

Sí que disfrutábamos en aquellos pedregosos eriales que tantos secretos escondían a quienes no sabían contemplarlos: lagartos, pedroluises, papapuses y cernícalos constituían, a nuestros ojos, una rica fauna, que para otros, mimetizada con el entorno, pasaba desapercibida. En estos volcanes destacaba, además, el verde intenso de una flora tan resistente como bella en la que predominaban los cardones, las tabaibas, los balos y, más hacia la costa, los tarajales. Porque los volcanes por los que transcurrían nuestras juveniles aventuras no eran otra cosa que las coladas de lava, ya solidificadas, y no solo las aberturas por donde afloraba el magma. También se conocen en Canarias estos terrenos de origen volcánico con el nombre de quemado o quemados, y, si el territorio es más o menos plano, se los denominan lajiales. Volcanes, pues, quemados y lajiales, con estas acepciones, son voces propias del español de Canarias para una misma realidad con distintas características morfológicas, y que además se convierten en topónimos y dan nombre a diferentes lugares del Archipiélago. Pero es malpaís el término más general para hacer referencia a ese terreno cubierto de lava o materiales volcánicos; también existe la variante malpéis, y maipés en las islas orientales.

No queda aquí la aguda sensibilidad lingüística de los canarios, que no solo diferenciamos los distintos territorios de composición volcánica, sino que, considerando insuficiente la terminología geológica de los variados tipos de piroclastos o lapilli (material magmático fragmentado por efecto de las explosiones en la columna eruptiva del volcán), los precisamos con denominaciones específicas, atendiendo a algunas características como su tamaño, color y hasta por sus beneficiosas propiedades para la agricultura; así, lo que en español general se designa simple y llanamente con el genérico sintagma de arena volcánica, en el español de Canarias recibe los nombres de picón, zahorra, rofe, jable y jabrusco, que son las voces más generales, algunas de uso restringido al ámbito de una isla.

Otras denominaciones particulares del español de Canarias para realidades relacionadas con los materiales de origen volcánico son tosca, con dos claras acepciones, la de ‘roca ligera, de color amarillento o castaño y de consistencia porosa, formada por la acumulación de cenizas o de elementos volcánicos muy pequeños’, y, también, ‘cualquier terreno de este material’. Además, existe toscal para hacer referencia al terreno de tosca, voces estas (tosca y toscal) que también se usan como denominaciones toponímicas por razones que huelga explicar.

Chaboco es en Lanzarote la ‘cavidad u oquedad abierta en la lava donde suelen plantarse árboles frutales’, y jameo la ‘oquedad formada en el suelo al hundirse el techo de un tubo volcánico’.

En los últimos días estamos asistiendo al nacimiento de un nuevo canarismo, que también hace referencia a una realidad de origen volcánico: se trata de la voz fajana con el sentido de ‘terreno llano o en declive que se ha ido formando al pie de una ladera o de un acantilado por la colada de un volcán’, si bien la voz, sin duda de origen portugués, ya se utilizaba para designar al ‘terreno llano al pie de las laderas, escarpes o recodos de los barrancos, formado comúnmente por materiales desprendidos de las alturas que lo dominan, o arrastrados por las aguas’.

Ha alternado la denominación de esta plataforma volcánica con denominaciones como delta lávico o isla baja, sin embargo parece haberse generalizado y fijado la voz fajana en los medios canarios y en los nacionales, como se observa en los siguientes titulares: «La temperatura del mar sube hasta los 51 grados en la fajana» (El Día, 6-10-2021); «La fajana se transforma sin descanso: esto es lo que mide ya la ‘nueva tierra’ de La Palma tras la erupción del volcán» (20minutos, 4-10-2021); «Visita a la fajana de La Palma, la zona más nueva de la tierra. La plataforma que la lava ha ganado al mar sepulta una playa salvaje y convierte un pueblo turístico en un escenario apocalíptico» (El País, 7-10-2021).

Seguramente habrá quien desee profundizar en la nomenclatura de este campo léxico que nuestro dialecto canario está aportando a la lengua general contribuyendo a su enriquecimiento, para ello sugiero la consulta del Diccionario básico de canarismos, de la Academia Canaria de la Lengua, y otros recursos de la Institución, como el buzón de consultas, a los que se puede acceder a través de su página web (www.academiacanarialengua.org).

El volcán de La Palma, que tanto dolor está causando en la isla y en todo el Archipiélago, nos brinda por lo pronto esta posibilidad de conocer mejor nuestro entorno con el mejor conocimiento del léxico propio, y con el magnífico ejemplo de algunos medios de comunicación que han sabido discriminar, como es debido, amarillismo e información rigurosa, a lo que habría que añadir una excelente labor de divulgación científica, como lo está haciendo Radiotelevisión Canaria. ¡Enhorabuena!

Confiemos en que en un futuro no muy lejano nuestro volcán pueda proporcionarnos otras compensaciones.

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