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Wladimiro Rodríguez Brito

Vivir con los volcanes

Hemos de hacer una lectura para los próximos días, cuando se apague el volcán y la lava se enfríe, y dejemos de ser un ‘espectáculo’, como dijeron algunos iluminados al inicio de la erupción. Ahora tenemos nuestro territorio cargado de ‘expertos en volcanes’ y, lo que es peor, de ‘sabios’ que proponen que abandonemos el Archipiélago ya que hay lugares sin volcanes donde vivir sin ‘peligros ni riesgos’ y donde regalan ‘felicidad y solidaridad’, olvidándonos del mundo que vivimos.

Los canarios hemos convivido con los volcanes y la miseria durante más de quinientos años, emigrando en muchos casos a lo largo de nuestra historia, pero ahora no hay lugar para hacerlo.

Los años me permiten decir unas frases que creo que pueden ser útiles. Hagamos un uso serio y solvente de la solidaridad que tenemos en estos momentos. A los que tenemos cierta experiencia, a los que hemos barrido con una escoba de brezo el risco para conseguir un saco de tierra en la que sembrar coles y otras hortalizas para regarlas con aguas que hemos cargado en cubos de unos charcos del Barranco de La Sebina, nos pone nerviosos la alegría con la que hablan allende los mares, ya que algunos tienen claro que en terrenos volcánicos no se construyen casas. Tenemos ahora a unos predicadores de lugares ideales para construir casas, pero ¿acaso proponen lugares seguros en los que regalan la felicidad?

Seamos serios y consecuentes. Hemos de sembrar un compromiso ético para gestionar cada gota de solidaridad con el pueblo palmero y eso se gestiona con el máximo apoyo de respeto y con recursos públicos.

Hemos de reconstruir todo lo que se pueda hacer para sembrar bienestar para nuestro pueblo. Hoy hay recursos técnicos para transformar malpaíses en suelos urbano agrario, como hicieron antaño tres o cuatro generaciones de palmeros y no solo en volcanes históricos como el caso de Las Hoyas o Fuencaliente.

En la escuela y en la vida hemos de hacer un esfuerzo de comunicación de una cultura de la solidaridad, del trabajo y del sentido común. Lo que hemos oído estos días proponiendo el abandono del territorio, alarmando con un tsunami y olvidándose de cómo nuestra gente ha domesticado los conos volcánicos y malpaíses, no se puede permitir.

Hay que difundir la labor que hemos hecho en los conos volcánicos en los que hemos plantado frutales, en los que se han hecho cuevas para el ganado y para vivir. Por no hablar de los malpaíses, que hemos de ver y tratar como suelo para nuevos cultivos, incluida la Fajana de Tazacorte, hermana de un emporio platanero en Las Hoyas (antigua finca Verdugo y agregada por el Volcán de San Juan).

Queridos vecinos de La Palma: hay cosas que hemos de entender ante el drama del volcán y el sufrimiento que ha sembrado en nuestro pueblo. No sufro cada momento los estampidos del volcán, pero sí siento la situación como propia.

En estos días se han hecho propuestas de cerrar los empaquetados y esperar por los ERTE. Afortunadamente la propuesta que se ha hecho es otra y esperemos que sea la adecuada para atender a la gente que ha dejado de trabajar por culpa del volcán. Hay que asumir los problemas que el volcán ha generado en los plátanos, pero también enviarlos a la Península para que la solidaridad se extienda de Cádiz hacia arriba y contribuya a defender nuestra economía.

Tenemos la obligación de generar una cultura del esfuerzo y de la solidaridad con los afectados en la que entendemos que el primer capítulo es creer y apoyar pasos concretos. Y eso pasa por ofrecer a los afectados soluciones a corto plazo sobre la vivienda y la salud.

En otro estado de cosas, hemos de resolver los temas legales de las lavas sobre las fincas y las casas y crear bolsas de suelo agrario urbano con nuevos asentamientos para ubicar la población con servicios, sanidad, escuelas, parroquias, centros culturales y deportivos. Hay que ir preparando nuevos asentamientos de población para ejecutarlos, una vez que el volcán nos lo permita.

Espero que este nuevo proceso impuesto por el volcán suponga mejoras significativas en el manejo del agua y de la agricultura. Es el momento de mejorar para conseguir que los más de 1.000 puestos de trabajo, localizados al sur de las lavas, no se pierdan. Junto al plano económico, tenemos que tener en cuenta el efecto psicológico y el hundimiento en las mentes de nuestros campesinos. Las desaladoras siembran compromiso e ilusión para muchas familias que ahora pasan de 30 litros de agua por planta y día, a 15 a 16 litros. El siguiente paso debe ser aportar más recursos hídricos para la zona afectada, lo que implica el desarrollo de nuevas infraestructuras.

Espero que la solidaridad y el compromiso de futuro también rieguen nuestra mente ya. Y que ese esfuerzo y compromiso con el mañana se haga dignificando a los que han arrancado en otras épocas el malpaís para construir pueblos, cultivar plátanos, ilusiones y sueños.

Espero ver a nuestros campesinos rompiendo el malpaís, sorribando malpaíses y construyendo casas y huertas de cultivo. El volcán se está llevando parte de nuestra historia, pero tenemos que rebelarnos y transformarlo. Somos un pueblo que tiene que mirar para el futuro dignificando sus raíces, desafiando a los volcanes y a los predicadores de falsas alternativas que hablan de un mundo que brinda ‘felicidad’, en un delirio totalmente alejado de la realidad. Sigamos luchando para conservar, proteger y dignificar nuestra forma de vida sin que ningún volcán ni iluminado nos la cambie.

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