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Subamos al tren del futuro

La economía real sigue afrontando diversos reversos o retrasos, que no terminan de animar a los empresarios, para afrontar nuevas inversiones, muchos de ellos, a la espera de que se desbloqueen las ayudas para compensar las pérdidas económicas derivadas del COVID-19 y que van adjudicándose, poco a poco, a autónomos y pymes.

No se trata de vivir de subvenciones, ya que éstas vienen a compensar un diez por ciento de las pérdidas empresariales que echaron por tierra los resultados previstos antes de la pandemia.

Hemos perdido la oportunidad de hacer una política contra cíclica con el sector de la construcción, mayormente por las trabas burocráticas y por la falta de áridos, por lo que las tasas de desempleo siguen siendo anormalmente altas.

Tampoco tenemos claro que hubiéramos adelantado la recuperación con la carga burocrática que padece cualquier persona que hubiera querido emprender.

A esto debemos añadir la vigilia que hacen trabajadores y empresarios a la estabilidad, los nuevos presupuestos generales del Estado, los autonómicos, de Cabildos o de Ayuntamientos, pues para salir de esta situación de insuficiente actividad y altos riesgos, solo nos pondremos en marcha con mucho diálogo, financiación autonómica, incentivos económico-fiscales y sinergias de inversión público-privada.

Existe una sensación de que la inversión de los fondos europeos no consolidará muchos proyectos canarios directos y tendremos que contentarnos, mayoritariamente, con proyectos nacionales que invertirán una parte en las Islas, y que esperamos que contribuyan a reformar o renovar el tejido social de las Islas hacia un entorno más competitivo y favorecedor.

Tampoco conviene olvidar que por muchas ayudas que lleguen, sin esfuerzo ni sacrificios equitativos, seremos incapaces de convertir riesgos en oportunidades y necesitamos coger el tren del futuro que pasa hoy por delante de nosotros.

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