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Tal cual

Los ojos de Antonio son los ojos de La Palma

Antonio Carrillo, un joven agricultor cuyas fincas en Tazacorte, La Palma, gestiona con dedicación y mimo, las vigila desde hace algún tiempo desde el cielo. Cuando le reglaron por su 40 cumpleaños un pequeño dron, un DJI Mini2, de apenas 249 gramos, dejó volar su imaginación y decidió que le serviría para controlar y analizar sus tierras de cultivo de manera precisa: detenciones de plagas y de intrusos, que viene a ser casi lo mismo, ver el crecimiento de la cosecha e incluso controlar hasta la temperatura y la hidratación de los cultivos.

Pero cuando el volcán de Cabeza de Vaca dijo que estaba cansado de seguir durmiendo y despertó, la vida de la inmensa mayoría de los palmeros cambió por completo. Para unos más que para otros. Siendo miles de afectados por la erupción del volcán los que de forma directa e inmediata tuvieron que ser desalojados. Cientos los que han perdidos sus casas y sus tierras, así como han visto con desesperación e incredulidad como todo cuanto conformaban sus vidas se lo tragaba la lava. Además de otros cientos de familias que no saben siquiera qué ha sido de sus hogares y de sus tierras que tuvieron que ser abandonadas de manera apresurada.

Y en estas circunstancias Antonio decidió, de manera generosa y sin quererlo, convertirse, por medio de su dron, en los ojos y en la esperanza de cientos de conciudadanos que necesitaban imperiosamente saber qué suerte habían corrido sus hogares o si aún existían de pié, y/o si se encontraban dentro de la funesta trayectoria del río infernal que se estaba comiendo barrios enteros. Un amigo le propuso la posibilidad de compartir dichas imágenes –y la información que de ellas se derivaban–, en Youtube, “Y eso se convirtió –confesaría más tarde Antonio–, en innumerables peticiones de vecinos que me pedían que volase encima de sus casas, que mirase a qué distancia estaba de sus fincas… Gente de La Palma, pero también de La Gomera, Alemania y hasta de Francia”.

Y lo que comenzó como una simple idea de colaboración ciudadana y que apenas contaba con unos pocos interesados, se transformó en pocos días en miles de visitas a su canal interesados por el lento, pero inexorable discurrir de la lava. Pero lo que en principio era una iniciativa ciudadana, que sin lugar a dudas prestaba un servicio necesario y que, dadas las circunstancias de emergencia los responsables de suministrar dicha información o no lo hacían o no lo hacían en el tiempo y la forma adecuadas a las necesidades urgentes de la población afectada, se truncó al serle retirado a nuestro particular héroe el dron, y encima multarlo.

Se entiende que hay que cumplir la ley, las normas y todo lo que ustedes quieran. Pero todos sabemos que dicho cumplimiento –su rigidez y exigencia–, siempre están al socaire de a quienes interesen que se cumplan o no; dejando algunas veces un margen de condescendencia dependiendo de quién o quienes sean los transgresores. En nuestro escenario político está al orden del día. Por ello no es de extrañar que haya surgido una avalancha de protestas ante tal despropósito. Es más, las redes sociales se han llenado de mensajes de apoyo hacia Antonio para que le devuelvan su dron. Al final se lo tuvieron que devolver a las pocas horas.

Está bien cumplir la legislación vigente, pero señores, estamos hablando de una catástrofe natural que está convirtiendo el mero hecho de vivir en la zona afectada en todo un drama humano. La iniciativa de Antonio ha servido, no sólo para ayudar convirtiéndose en los ojos de sus vecinos, sino para que la prensa y los medios de comunicación tanto locales, nacionales e internacionales hayan utilizado sus imágenes para dar contenido a sus páginas web y a los distintos programas e informativos. Es más, incluso espacios de internet especializados en la materia han usado sus imágenes para ver, predecir y esquematizar las coladas.

Como dice mi amigo Juan Ramón, si estuviéramos en Hollywood seguramente estos hechos servirían para hacer una película, de héroes, naturalmente.

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