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Rafael Arozarena, en el recuerdo siempre (1923-2009)

Se cumplen el 30 de septiembre doce años desde que Rafael Arozarena nos dejara. Sirva este pequeño recuerdo para un gran escritor canario que en su arte y en su vida tuvo presente la naturaleza de las islas, su geografía, su flora, su fauna….sus habitantes. Muchas de sus obras vienen a la mente en estos días. Días de incertidumbre y desasosiego principalmente para los habitantes de la isla de La Palma. Estudioso y curioso incansable en el conocimiento de las islas, Arozarena, plasmó en sus obras, novelas, cuentos, poemas, artículos… las certezas que las definen y la realidad que se muestra ante nuestros ojos, en el territorio que nos ha tocado vivir.

Sirva como ejemplo los siguientes párrafos.

Recordamos, de su poemario Alto crecen los cardos:

“…Y aquí en los pies, la tierra,/ la dura infértil roca,/ y aquí en los ojos alas/ ardiendo en tantas luces./ Nos ha tocado en suerte,/ de tierra solo un puño/ de cielo, todo el cielo….”

De su novela El barco de los sueños (cap.I): “Tuve yo la suerte de nacer en una isla de azúcar. Es una de las Islas Canarias que figura en los mapas con el nombre de isla de La Palma. Los canarios la conocen como la isla bonita. Pues yo nací allí, en el pueblo de Los Llanos, que es un pueblo muy bello y muy apacible.”

¿Qué podemos recordar de su novela Mararía? María la de Femés, Uga, malpaís, volcanes, camellos, Lanzarote… vida. Una isla en la que teníamos que disfrutar de la belleza de la fealdad. Una frase que nunca se cansaba de repetir. Dirigida a los que veíamos la belleza solo en el verde de los bosques y la flor.

De su artículo Timanfaya: “Si usted, pregunta en África de qué color es el desierto, le dirán que es azul. Y es que en África puede más el cielo que la tierra. En Lanzarote, el parque de Timanfaya luce rojo en nuestro espíritu, ya que el fuego predomina, tanto por arriba, con el sol, como por debajo en el interior de sus volcanes. Suele decirse que la isla de Lanzarote es africana, pero no es así, porque si África pertenece al cielo, Lanzarote es, manifiestamente, una pertenencia del demonio…” Y finaliza:

“…al visitante que deja el Parque de Timanfaya seguramente le preguntaran si ha visitado el infierno.

-¿El infierno?... ¡Oh, no! He estado en el cielo en un momento en que Dios no estaba en casa. Eso es todo”.

Él no está pero nos dejó su obra. Que en tiempos como los actuales nos llena de esperanza y belleza que son alimento del espíritu.

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