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Wladimiro Rodríguez Brito

La Palma: el volcán más agresivo en la historia de Canarias

En pocos días, el volcán Cumbre Vieja ha puesto de manifiesto una capacidad agresiva hacia la población comparable a los peores en la historia de las islas como fueron el Timanfaya 1730-36, el de Garachico 1706 o Tigalae-o Martín. En apenas cuatro días ha destruido uno de los paisajes agrarios y de población más ricos de Canarias, que fue construido por generaciones de campesinos comparables con las mejores vegas agrícolas y poblacionales de las islas: Arucas, Gáldar, Guía, Valle de La Orotava, Hermigua, Los Sauces, Valle de Güímar, Telde.

Hemos de destacar la agresividad del volcán hacia la población, las viviendas e infraestructuras que levantaron tres generaciones tras la época de pobreza vivida con anterioridad al volcán de San Juan. Tres generaciones construyeron sobre lavas de volcanes más de 1.000 Ha de cultivo del Remo a la montaña de Todoque. En 1940 todo el valle tenía menos de 300 hectáreas de plátanos y hoy en día las han multiplicada por cuatro. Sin embargo, ahora están afectadas por las lavas o aisladas de los recursos hídricos más del 20% de los plátanos –las que se encuentran al sur del volcán-, así como el abastecimiento de agua a la población y a los cultivos que ahora son de ‘secanos’, ya que los canales han quedado cortados, creando problemas serios a la mayor zona platanera de Canarias.

La agresividad del volcán de Cumbre Vieja se debe a la orografía, que es relativamente plana, ya que el volcán no canaliza las lavas hacia el mar, desbordando el cauce central y extendiéndose de manera lateral. Eso ya ocurrió –en parte- con el Timanfaya, que ocupó algo más de 50 km2 o el volcán de Garachico, que afectó al segundo núcleo urbano y al puerto. Por ello, no podemos comparar este volcán con otros volcanes palmeros; Teneguía no alcanzó el km2, San Juan llegó a los 4,5 km2, San Antonio a los 6,5 km2 y Tigalate o Martín, con algo más de 7 km2 en un territorio con menos población, dadas las carencias de agua y suelo de cultivo.

Estamos ante un volcán de efectos muy duros en el plano humano. Gracias a Dios no hemos tenido desgracias personales y no estamos en la isla de Java ni en el Krakatoa. Pero estamos ante un problema social de gran envergadura. Hemos de entender los problemas graves que ha creado dicho volcán y, lo que es peor, no sabemos lo que va a suceder y, en consecuencia, la problemática que tendremos. De manera inmediata parece razonable que intentemos poner agua al sur del volcán. Hablamos de un tema problemático, ya que al lugar más próximo es el canal Barlovento-Fuencaliente, lo que implica bombeo y muchos kilómetros de tuberías y reorganizar una nueva red de agua, incluida la balsa de Cuatro Caminos. Otra opción sería bombear desde la balsa de Dos Pinos hasta las cotas superiores al volcán. La buena noticia es que, hasta ayer (viernes), la lava no había impedido que dos canales sigan suministrando agua al sur del volcán.

En otro estado de cosas, habría que estudiar posibles localizaciones de puntos para urbanizar en condiciones aceptables para una población rural. Tenemos unas calificaciones de suelo de supuesta protección que hoy no parece razonable, con una “supuesta protección del malpaís” que ahora ya no es necesaria, ya que el volcán ha plantado de malpaís uno de los espacios más humanizados en Canarias en los últimos 50 años.

¿Protección del Malpaís? Aquí y ahora hemos de poner recursos públicos en reconstruir, en lo posible, las viviendas e infraestructuras que han sido destruidas por el volcán. Y aquí incluimos cultivos, bodegas y actividades de ocio. Es decir, tenemos que volver al paisaje y al paisanaje anterior que habían creado los vecinos. Hablamos de un emporio de riqueza y bienestar de un amplio núcleo que hoy ha sido barrido por el peor volcán en la historia de Canarias.

¿Nos atrevemos a proponer poblamiento en zonas altas? Es complejo construir mirando para los volcanes, los entornos de conos volcánicos y otros puntos en los bordes de las pendientes, ya que apenas tenemos bordes en los barrancos. Aquí y ahora necesitamos sembrar un estado de ánimo que hilvane el ayer con el mañana. Los recursos públicos se tienen que poner en obras que potencien lo que sabemos hacer y en lo que hemos puesto ilusión y compromiso de trabajo de las últimas generaciones.

No nos olvidamos de la memoria del esfuerzo del empuje de tres o cuatro generaciones, rompiendo el malpaís y transportando suelo que ahora ha cubierto el malpaís del volcán. En esta zona hay millones de m3 de suelo transportado desde el Llano de Las Cuevas, hoy lamentablemente olvidada y marginada en la historia social del Valle y de La Palma.

Hagamos todo lo posible por poner los recursos públicos en reconstruir lo que nuestros campesinos con cultura de esfuerzo, trabajo y austeridad crearon unos de los vergeles agrarios de Canarias creado sobre malpaíses volcánicos que son comparables con los mejores suelos históricos del Archipiélago como Arucas, Telde, La Orotava y Los Sauces.

Sembremos la música de Pedro Guerra y su “Contamíname” y hagamos de la ‘contaminación’ de los campesinos de antaño la semilla del presente y futuro de un territorio y su gente agredida por la naturaleza y por la ignorancia de los que dicen que sobre un volcán no se construyen casas.

Esta situación nos enseña que hemos de cuidar el campo y que el autoabastecimiento es algo básico. La humanidad ha aprendido a vivir desde los casquetes polares hasta las cumbres y los desiertos y en Canarias sabemos domesticar volcanes y enfrentarlo a su dureza. Frente a la agresividad del volcán, hemos de poner la solidaridad de nuestro pueblo.

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