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El futuro es el Pacífico

Durante el Imperio romano, el Mediterráneo era conocido como el Mare Nostrum o Internum Mare, porque era exactamente eso: el centro de los dominios terrestres, la espina dorsal que conectaba las dos orillas, donde florecieron ciudades en lugares donde después la historia les ha pasado por encima.

Los tres países firmantes de la alianza AUKUS.

El Mediterráneo fue la gran vía de comunicación de la antigüedad y lo siguió siendo durante la Edad Media. Prueba de ello es que las ciudades portuarias eran las más importantes: Venecia, Génova, Barcelona... Desde allí se conectaba con Oriente, de donde provenían los productos más lujosos y preciados. Pero las religiones monoteístas comenzaron a levantar muros invisibles entre los dos lados del mar. El norte cristiano y el sur musulmán guerrearon años y años para subyugar al enemigo. El comercio marítimo se convirtió en una empresa peligrosa. Fue así como se zarpó hacia otros rumbos para explorar nuevas rutas. Europa surcó el Atlántico y «descubrió» América. La historia es de sobras conocida por todos.

El Mediterráneo fue dejado de lado y las grandes disputas se dirimieron en ese océano, que se convirtió en el eje del orden mundial. Durante el siglo XIX estaba bajo dominio británico, pero en el siglo XX Estados Unidos tomó el relevo. La Segunda Guerra Mundial fue la consagración de la hegemonía de Washington. Londres ya lo intuyó al principio del conflicto.

En el verano de 1941, el primer ministro británico, Winston Churchill, viajó en secreto a EE.UU. para reunirse con el presidente Franklin D. Roosevelt en la base naval de Argentia. Allí redactaron la Carta Atlántica, que sirvió de documento fundacional para crear la ONU al terminar la guerra. En 1945, sin embargo, el fascismo derrotado ya no era el enemigo. La Unión Soviética se erigía como principal contrapoder y había que organizarse para hacerle frente. La ONU no podía hacer nada para detener el expansionismo de Moscú y los países occidentales, en 1949, decidieron crear la Organización del Tratado del Atlántico Norte, la OTAN. De hecho, un año antes, Francia, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo y Reino Unido ya habían firmado un tratado llamado Alianza Atlántica. En 1955, los soviéticos respondieron con la creación del Pacto de Varsovia. La Guerra Fría estaba servida.

El conflicto duró cuatro décadas, hasta que el bloque comunista se derrumbó como un castillo de naipes. Con la excepción de China, que parecía aceptar el papel de ser la fábrica de Occidente. La realidad, sin embargo, se ha revelado bastante diferente. Con una clara estrategia de ir ganando peso en la geopolítica internacional, primero se convirtió en una potencia regional, y después, poco a poco, ha ido expandiendo su influencia por todo el planeta hasta llegar el punto de que, ante la decadencia de EE.UU. durante las últimas dos décadas, Pekín ya discute el trono de gran líder mundial a Washington.

La capital de EEUU ha tenido que empezar a mirar a la Costa Oeste y dar la espalda al Atlántico. Mientras tanto, el Reino Unido, siempre hábil adaptándose a los cambios globales, justo después del Brexit negoció un convenio comercial con Australia para garantizarse el acceso a la región Asia-Pacífico. Hace poco se ha dado un paso más: Washington, Londres y Canberra han anunciado la creación del tratado AUKUS (término creado a partir de las iniciales de los países en inglés). La primera concreción de este acuerdo es que los australianos fabricarán ocho submarinos propulsados con reactores nucleares, con el asesoramiento de EE.UU. y el Reino Unido. El objetivo es crear una fuerza disuasoria ante una China cada vez más desacomplejada. Huelga decir que Pekín ha puesto el grito en el cielo, advirtiendo de los peligros de esta escalada nuclear. Una retórica que recuerda mucho a la de la Guerra Fría. Los chinos no son los únicos molestos.. Francia también, porque se suponía que los australianos debían encargar los submarinos a la Unión Europea, pero la conexión atlántica cada vez es más débil y la UE constata que se está convirtiendo en un actor secundario en la lucha por el poder global. Parece que el escenario principal está llamado a ser el océano Pacífico. La historia no está nunca quieta.

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