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Jorge Bethencourt

el recorte

Jorge Bethencourt

Dudas

En estos últimos años nos ha pasado de todo. Incendios, quiebras turísticas, calimas, pandemia, paro… Alguien decía, jocosamente, que nos faltaba una erupción volcánica, un tsunami y que nos cayera un meteorito. Pues bien, he aquí que podemos tener una de esas tres cosas. Y si hay mala suerte, dos de golpe.

Los temblores en la isla de La Palma parece que anuncian un nuevo volcán. Y las tranquilizadoras palabras del presidente del Gobierno, Angel Víctor Torres, no tranquilizan nada: «estamos en manos de los expertos». ¿En qué pueden ayudar los expertos si la tierra se abre y empieza a salir lava?

Que nazca un nuevo volcán en Canarias no tiene nada de extraordinario. Pasó en El Hierro, en el mar, y se convirtió en una especie de atractivo científico y social. Pero la gestión informativa del asunto, en un destino turístico, sí que es relevante. Hay cierta prensa sensacionalista en toda Europa que aprovecha cualquier acontecimiento que se produce en las islas para alarmar a los posibles turistas y hacerle pensar en otros destinos. Deberíamos tener eso muy presente a la hora de transmitir hacia fuera de Canarias una información veraz y exacta de todo lo que pase a partir de ahora.

El problema de la posible erupción en La Palma es que se produce en Cumbre Vieja. Se han vertido ríos de tinta sobre el desplome al mar de casi la mitad de la isla y existen teorías, artículos y hasta novelas que especulan sobre un enorme tsunami que llegaría hasta la costa Este de Estados Unidos. Los científicos más serios descartan que se produzca ese derrumbamiento y dudan de que, en el remoto caso que se produjera, produjese una ola de tan enormes dimensiones. Pero la gente siempre está más dispuesta a comprar la ficción que la realidad.

Con los volcanes, por lo que hemos aprendido, se puede hacer muy poco, salvo esperar a ver qué pasa y dar instrucciones de autoprotección a la población que pudiera ser afectada. En el caso de La Palma, donde la superficie del suelo se ha combado hasta casi dos centímetros, nos queda cruzar los dedos y esperar a ver por dónde sale la lava, si es que al final se produce la erupción. Nacerá un volcán, otro más, y no pasará nada.

O eso espero. Porque hay una voz interior que me dice que con el gafe que tenemos nos va a llegar una ola que va a llenar de pulpos y viejas el Valle de Ucanca.

Dudas

No tengo demasiado claro que haya que hacer un puerto en Fonsalía. Pero resulta muy curioso que, una vez más, una gran obra en esta isla cuente con una entusiasta y sospechosa oposición. La misma que hubo contra la central de gas en Granadilla, que no se pudo hacer, aunque al final sí se hará una en el Puerto de la Luz de Las Palmas (será el único punto de suministro competitivo de combustible a los tráficos marítimos por Canarias). Es una maldición endógena. Tenemos un misterioso escarabajo, la pimelia, que supuestamente está en peligro de extinción, aunque resulta que aparece en cualquier piedra que se levante en la isla. O sea, que está por todos lados. También en La Minilla, en Las Palmas, cosa que no ha impedido que un proyecto de urbanización siga adelante. Con el puerto de Granadilla nos engañaron como a chinos. Se suponía que absorbería los tráficos industriales de Tenerife y permitiría al puerto de la capital especializarse en los cruceros turísticos y revolucionar la relación de la ciudad con el mar. Leche machanga. Después de un cuarto de siglo, el puerto que iba en Fonsalía resulta que no se puede construir –aunque se hiciera un pedazo de carretera que llega desde la autopista a la zona donde ya no se hará– y uno se pregunta a qué puñetas está jugando esta gente. Gastan nuestro dinero y nuestro tiempo. Y esta isla cada vez se apaga más y más. Una última pregunta: mientras se arreglan los accesos viarios a Los Cristanos ¿cómo tienen previsto llevar los vehículos a los barcos? ¿En brazos?

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