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Jorge Bethencourt

MANUAL DE OBJECIONES

Jorge Bethencourt

Un país desquiciado

El problema no es una denuncia falsa que realizó en Madrid un chaval, por las razones que sean, que no vienen al caso. El problema lo causan quienes utilizan cualquier cosa como combustible para el enfrentamiento y la demagogia en esta sociedad desquiciada.

Supongo que conocen el asunto. Un joven homosexual cuenta que unos encapuchados le han dado dado una paliza, vejándole y tatuándole en el trasero, con una navaja, la palabra “maricón”. O sea, una salvajada. Un caso que en cualquier otro país habría ocupado las páginas de sucesos, pero no la primera página política.

La primera reacción de cualquier persona decente es el deseo de que se pueda localizar y detener a esa manada de salvajes para que caiga sobre ellos todo el peso de la ley. Pero como estamos en el país que estamos, en una parte de la izquierda se activa la compulsión oportunista. Se desliza la idea de que la derecha, o sea, Isabel Díaz Ayuso, está convirtiendo Madrid en una capital facha, donde los homófobos campan a sus anchas. Y sobre un desgraciado incidente empieza el cruce de acusaciones entre unos y otros.

Luego resulta que se trataba de una denuncia falsa. La policía comprueba en las cintas de videovigilancia que no hay tal manada de encapuchados. La cosa se lía. Y el joven termina confesando que sus lesiones obedecen a una relación consentida y que se montó la película por miedo, para que su pareja no le montara el cristo padre. Algo que entiende cualquiera que tenga pareja, aunque inventarse algo así para tapar una infidelidad sea algo muy chusco. Y peligroso.

Y entonces, la ola que llegó a la playa retrocede y llega la ola del lado contrario. La izquierda progre y tronante se la envaina abochornada, argumentando que aunque la denuncia sea falsa la violencia contra los homosexuales es lamentablemente muy real. Y la derecha hinca los dientes en el hueso del ridículo y se refocila con las declaraciones indignadas de algunas autoridades como el ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, que al paso que va terminará compitiendo en los mundiales de patinaje.

Claro que hay denuncias falsas. Y no suelen representar ningún problema. Porque son pocas y porque generalmente se detectan por el camino. El problema no está ahí, sino en quienes construyen un discurso sobre la casuística, en vez de sobre la estadística. Este es uno de los países menos violentos de Europa. Y es así porque lo dicen los puñeteros números. Y los que sostienen otra cosa, porque lo que se necesita conviene, mienten más que hablan. Y ahí queda eso.

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