Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Jorge Bethencourt

MANUAL DE OBJECIONES

Jorge Bethencourt

La verdadera reforma

A estas alturas el común de los mortales desconoce cuáles son los proyectos que van a cambiar Canarias dentro del proceso de transformación de España. Pedro Sánchez, como un moderno Moisés vestido de Emidio Tucci, descendió de Bruselas con dos tablas de piedra en las que están esculpidos ciento cuarenta millones que nos prestarán los ricos del norte. Y el presidente ha anunciado el cambio radical de este país.

No es la primera vez que nos venden ese crecepelo. El Gobierno de Rajoy, a través del CORA (Comisión para la Reforma de las Administraciones Públicas) prometió lo mismo. Pero fuese y no hubo nada. El ineficiente sector público español es la escollera en la que se estrellan inútilmente todas las olas reformistas. En aquel entonces el cambio venía en las tijeras de podar para llevarse por delante gasto público y en las subidas de impuestos. O sea la austeridad de un país arruinado que gastaba mucho más de lo que ingresaba y al que la prima de riesgo amenazaba con la quiebra pura y dura. Ahora, las reformas se prometen con el dinero de Europa. Pero es falso. El dopaje europeo servirá para mantener la ficción de un gasto público que en realidad no podríamos permitirnos con nuestros propios recursos. Pan para hoy y hambre para mañana.

Ni hubo reforma antes, ni la habrá ahora. Los partidos políticos, urgidos por breves periodos de cuatro años, no se adentran en las turbulencias de los cambios estructurales. No hay que incomodar a la clientela. Con cuatro millones de empleados públicos el problema del sector público no es el volumen –aunque su masa salarial supere los 128 mil millones– sino su eficiencia. Nadie se atreve a imponer criterios de productividad y a determinar quién trabaja y quién no. El absentismo laboral supera al del sector privado. Y la gente, no sin razón, está hasta la peluca de una clase política que no hace sino fabricar leyes y reglamentos, cada vez más, cada vez en más sitios, para terminar de enmarañarlo todo en una selva en la que es casi imposible avanzar.

Ni trenes, ni centrales hidroeléctricas, ni energías renovables… El gran cambio que necesita este país es el de una administración puesta al servicio del crecimiento y el progreso. Si no generamos ingresos fiscales, no habrá manera de sufragar los gastos públicos. Ni las nóminas del personal, ni las pensiones, ni las inversiones. El dinero de los fondos europeos es un espejismo. Una lotería. Cuando lo gastemos volveremos a la casilla de salida. Pero más endeudados que nunca.

Compartir el artículo

stats