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Joaquín Rábago

EEUU y China: ¿quién ganará la contienda?

Bajo sus últimos presidentes, EEUU parece obsesionado por la competencia que supone para su hegemonía global ese extraño híbrido que es la actual China comunista/capitalista.

¿Cómo evolucionará la competencia entre ambas potencias, hoy todavía tan desiguales desde el punto de vista militar como cada vez más igualadas en cuanto a poderío económico?

Resulta muy interesante en ese sentido el libro publicado por un profundo conocedor del mundo asiático como es el ex diplomático y politólogo singapurense Kishore Mahbubani bajo el título de ¿Ha ganado China? (1).

Mahbubani estudia a lo largo de sus trescientas páginas los posibles escenarios futuros de la compleja relación bilateral y explica que de cómo se resuelva finalmente dependerán el equilibrio y la paz globales.

Analiza el autor las fortalezas y debilidades de ambos sistemas y avanza un pronóstico: si la competencia se establece entre una democracia sana y flexible como es, al menos idealmente, la norteamericana y un rígido sistema de partido único, será EEUU el ganador de la contienda.

Si, por el contrario, la rivalidad se da entre una plutocracia más bien inflexible –y hay cada vez más evidencias de que EEUU se encamina en esa dirección– y un sistema meritocrático flexible como al que aspira, en su opinión, la China comunista, terminará imponiéndose esta última.

El autor reconoce que el sistema político chino es en principio mucho más difícil de reformar que una democracia como la norteamericana, pero China tiene a su favor el hecho de estar mejorando a pasos acelerados la calidad de vida de su población mientras EEUU parece seguir la dirección opuesta.

El principal problema de EEUU es de tipo político y afecta a su sistema de representación, pues a pesar de ser formalmente una democracia, las decisiones del poder legislativo, escribe Mahbubani, no las determinan los votantes, sino cada vez más quienes financian a los dos partidos políticos.

Y si bien es al mismo tiempo cierto que en el gigante asiático no hay libertades políticas, los chinos parecen dar más importancia, al menos de momento, a la mejora de sus condiciones de vida en lugar de compararse con otros.

Si no fuera así, no sería explicable que anualmente salgan de turismo al extranjero 134 millones de chinos y que éstos vuelvan luego libremente a su país, una vez acabadas las vacaciones. Algo que ocurre también con la mayoría de los chinos que estudian en universidades extranjeras, entre ellas las norteamericanas.

La principal contradicción entre EEUU y China se da en el área de los valores: los norteamericanos valoran las libertades individuales, la libertad de prensa, de reunión y de religión mientras que para los chinos, la armonía social es más importante que los derechos individuales.

Mahbubani cree al mismo tiempo que no es interés de EEUU forzar la democratización de China porque ello podría tener el efecto adverso de desestabilizar a esa sociedad con consecuencias impredecibles para la estabilidad y la paz mundiales.

En su opinión, por más que la actual histeria antichina en EEUU parezca indicar lo contrario, el comunismo chino no representa una amenaza real para la democracia norteamericana, que está más bien amenazada por factores internos como una polarización política cada vez más acusada y socialmente bastante destructiva.

En lugar de gastar miles de millones en aventuras militares externas como las de Irak, Libia, Siria o Afganistán, que han resultado en otros tantos desastres, EEUU debería centrarse en “revitalizar” su propia sociedad.

Mahbubani tiene también un consejo para los europeos y es que, desafiando si hace falta a EEUU, busquen alianzas con las empresas chinas y contribuyan al desarrollo del continente africano.

Hacia el final de este siglo, la población de África decuplicará con 4.500 millones de habitantes a la europea, lo que supondrá un peligro de migraciones masivas si antes los que más interesados debieran estar no lo remedian.

El libro de Mahbubani puede resultar demasiado complaciente con un sistema que controla a los individuos como ningún otro y no parece ver ningún problema con la proliferación de multimillonarios en su seno, pero ¿no vamos también en Occidente, por desgracia, en la misma dirección?

(1)Has China won?. The Chinese challenge to American Primacy. Ed. PublicAffairs. Nueva York.

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