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Joaquín Rábago

La estrella de la ultraderecha nacionalista italiana

Giorgia Meloni, una mujer rubia de 44 años que fue ya ministra con Silvio Berlusconi, es la nueva estrella de la derecha nacionalista italiana hasta el punto de superar ya en popularidad personal a Matteo Salvini.

Su partido, fundado en 2013 con el nombre de Fratelli d´Italia (Hermanos de Italia), palabras que figuran en el himno nacional, está casi igualado en intención de voto con el de Matteo Salvini.

Mientras que la Lega del ex ministro del Interior y hasta hace poco héroe de ese sector del electorado sufrió una fuerte caída en las últimas elecciones europeas, Fratelli d´Italia parece subir como la espuma.

Su popularidad entre la gente que vota a la derecha se debe, entre otros factores, a que no es un camaleón como Salvini, que si bien antes tronaba contra la Unión Europea, ahora es uno de los apoyos del Gobierno del decidido europeísta Mario Draghi.

Meloni no sólo no rehúye la polarización de la política italiana, sino que la alimenta con su retórica y su negativa a cualquier compromiso con la izquierda populista del movimiento Cinco Estrellas, que forma parte también del actual Gobierno de Roma.

Paolo Berizzi, uno de los periodistas más conocidos del diario italiano La Repubblica, que vive con escolta policial por las amenazas de muerte que ha recibido, ha denunciado los vínculos entre Fratelli d´Italia y el legado fascista.

Así ha contado que el mes de octubre de 2019, destacados miembros de ese partido se reunieron en una cena para celebrar un aniversario más de la marcha sobre Roma de Benito Mussolini, de la que el próximo año se cumple el primer centenario.

En Verona, según cuenta también Der Spiegel, la rama juvenil de Fratelli d´Italia, Gioventù Nazionale, tuvo palabras de recuerdo para el fascista belga Léon Degrelle, que fue oficial de las SS hitlerianas y terminó su vida en España.

Un alcalde de ese partido inauguró en la localidad de Affile, próxima a Roma, un monumento en memoria del mariscal fascista Rodolfo Graziani, conocido por las masacres que organizaron sus tropas tanto en Libia como Abisinia durante la ocupación colonial italiana.

Se dan asimismo estrechos lazos entre el partido de Meloni y el movimiento fascista de extrema derecha CasaPound , nombre que lleva en memoria del estadounidense Ezra Pound, admirador de Mussolini y tan inspirado poeta como fogoso antisemita.

Aunque tanto Meloni como Salvini nieguen tener algo que ver hoy con el fascismo y se proclaman republicanos liberales, la realidad es que pugnan entre ellos por atraer también el voto de los seguidores del Duce.

La líder de Fratelli d´Italia hace continuamente campaña en contra de los matrimonios homosexuales, el aborto, el derecho a la libre elección de género y la gestación subrogada, entre otras causas defendidas por la izquierda.

De continuar la actual tendencia y ante la continua división de una izquierda que no ha dejado de cambiar de siglas y de líderes, las dos derechas, la que dirige Salvini y la que encabeza Meloni, podrían sumar pronto una mayoría con la que gobernar.

Muchos electores italianos no se sienten comprometidos con ningún partido, y en el caso de los conservadores, apoyan a quien creen con más posibilidades de derrotar a la izquierda.

A ésta la acusan de estar obsesionada sólo por subir impuestos y haber dejado a las clases medias a la intemperie frente a los efectos económicos adversos de una globalización últimamente desbocada.

Ocurre además en Italia, como señaló a Der Spiegel el periodista Berizzi, se ha normalizado en cierto modo el fascismo histórico y aunque nadie desearía una vuelta a la época de Mussolini, sí parecen sentir muchos nostalgia de un líder fuerte. Nada más preocupante para el porvenir de cualquier democracia.

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