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Carmen Martínez-Fortún

Esencia y apariencia

El curso político empieza con fuerza y Sánchez, que no apetece aparecer en el Congreso, ofrece una entrevista en el periódico afín, siguiendo su costumbre de usar los medios facilongospara publicitarse. Que hable en el Congreso o que se calle. Y es que no parece el súmmum de lo democrático su resistencia a explicarse en el Parlamento y por contraste su resiliencia para contestar con empatía y humanidad las preguntas cómodas, que las incómodas, con no contestarlas ya cumple. Agradezco, eso sí, su promesa sobre la luz, aunque, si de sus promesas se puede esperar lo mismo que de sus otras afirmaciones, tal vez sea el agradecimiento gratuito y prematuro. Tampoco es que la luz fuera barata en 2018, pero algo es algo.

Por otro lado, continúan las tensiones sobre el poder judicial. Lesmes abre el año con reproches nada velados y recomendaciones obvias y el aparato de propaganda gubernamental extiende con todos sus opinadores amigos del alma o pelotas el disparate de que el bloqueo de los nombramientos es tan grave como el golpe del Procés. Que no me lo he inventado yo, sino que lo he oído en una radio pretendidamente seria. Y además, como el PSOE no remonta en las encuestas, hay quien sospecha de toda esa información interesada filtrada por la fiscalía sobre el rey emérito. Que nada viene mejor para desviar atenciones como atacar a la monarquía venga o no a cuento.

Una, por su parte, en este verano feliz para ella, y por desgracia, pesaroso para gran parte del mundo, guarda en su memoria selectiva una imagen reveladora. La del presidente en alpargatas involucrándose con autoridad y profesionalidad de tobillos para arriba en la terrible crisis de Afganistán. Y demostrando que la misma crisis le tocaba un pie, y disculpen el chiste fácil, a tenor de su calzado impropio e irrespetuoso. Me dirán algunos que eso son nimiedades. Pero yo afirmo que, si no importa, no te pongas chaqueta y corbata. La imagen es icono fiel de quien solo cuida lo que muestra. Metáfora reveladora de cómo la hermosa apariencia no se corresponde con la esencia.

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