El presidente de Canarias, Ángel Víctor Torres, no está contento con tener los mayores niveles de pobreza y de exclusión social del Estado. Y no está satisfecho porque el archipiélago se encuentre a la cola de todo lo bueno y a la cabeza de todo lo malo. Está preocupado, pero al mismo tiempo satisfecho. Porque el Gobierno está haciendo “todo lo que está en su mano” que es la mano que firma los nombramientos y los ceses. Lo que pasa es que lo que hace no es suficiente. El estallido de la crisis en Canarias está causando un verdadero desastre social y hay familias que se van cayendo en la cuneta de la pobreza mes a mes. Y lo que es peor, esto no tiene pinta de que vaya a cambiar. Por eso mismo, echar la culpa a lo mal que estaban las cosas en el pasado y prometer que las cosas van a mejorar en dos años es como echar tinta de calamar en la situación de ahora. Este Gobierno lleva dos años en el poder. Decir que no ha hecho nada es mentir, porque sí lo han hecho. Una paga extraordinaria para las pensiones no contributivas y un ingreso extraordinario de emergencia para las familias. Dos medidas puntuales que son como dos dedales de agua en el desierto. Las pensiones se iban a complementar todos los meses. Y la renta ciudadana era una paga mensual estable para todos los ciudadanos que la necesitaran para la supervivencia. El presidente Torres ha defendido la gestión de Noemí Santana y de Podemos. No se esperaba otra cosa. Pero lo que está asumiendo es un fracaso que es tan suyo como de todos los que están en el pacto. Es como el socorrista que mientras alguien se ahoga le grita desde la orilla que los del turno anterior no le dejaron hinchado el salvavidas. Y que vaya por dios.