El boxeador, molido a golpes, con los dos ojos morados y la nariz rota, se va a la esquina y le pregunta al preparador «¿cómo va el combate?». Y el asistente le contesta: «Si lo matas, empatas». Hay gente que no tiene mucha perspectiva y que padece una invasión de moral similar a la del Alcoyano, que perdiendo diez a cero en el descanso salió en el segundo tiempo diciendo que no le valía el empate. A fecha de hoy aún se sigue sosteniendo por algunas autoridades, con la fe del carbonero, que el 70% de la población de Canarias estará vacunada a finales de este mes. Desde diciembre hasta ayer –echen cuentas: siete meses– se ha vacunado al 46% de la población de las islas con pauta completa. Sobran comentarios.

No es un tema de responsabilidad. Canarias está poniendo las dosis que les están mandando. Lo que pasa es que no nos envían las suficientes. Y por eso –y porque tenemos más población joven, dicen– estamos por detrás de comunidades como Cataluña, Andalucía, Navarra o País Vasco, por citar algunas. Podemos pinchar más, pero no tenemos qué.

El problema es que hemos fiado la principal arma contra el coronavirus en la vacunación. Y que vayamos retrasado en los planes supone algo más que un inconveniente. Este verano tendremos algún turismo británico –menos del que esperábamos– en nuestro sector turístico. Y muchas de las personas que les atenderán no estarán vacunadas con pauta completa. Eso nos hace más vulnerables en el contexto de una situación sanitaria que nos sigue colocando con el color rojo en el mapa de las alertas por contagios en toda Europa.

El ciclo de la pandemia nos ha enseñado que si se abre la mano vuela el pájaro y si se aprieta se asfixia. Nuestra reciente historia es una lucha entre no morirnos por el virus por un lado y no morirnos de hambre por el otro. Y va a ser que la palmaremos por lo segundo. Ya es una evidencia que el verano está casi perdido para la causa. Y que el invierno lleva el mismo camino. Que en toda Europa están cerrándose a cal y canto, mejorando los índices de contagio, mientras en Gran Bretaña, con día de la libertad y adiós a las mascarillas incluido, el número de vacunados les ha permitido regresar a una falsa normalidad, porque siguen teniendo unos índices de contagio similares a los españoles.

Casi todos los expertos piensan que la cuesta de enero del año próximo va a ser una pendiente similar a la cara norte del Everest. Y nuestra economía, asfixiada desde hace ya un año, llegará desfallecida y sin fuerzas. Canarias no ha tenido un plan de rescate específico para una zona catastrófica. Una vergüenza que no van a tapar los millones de Europa que desde Madrid nos hacen llegar a cuentagotas y como si se tratara de un acto de extrema generosidad centralista. La marmota del virus ha asomado la nariz y nos dice que habrá más paro, más pobreza y más cierres de negocios. Seis meses más y échale hilo a la cometa.

El recorte

Respeto al REF

Hay que valorar en toda su extensión el cambio de postura del Ministerio de Hacienda con respecto al diferencial fiscal de los rodajes cinematográficos que se realicen en Canarias con respecto a los de la península. La promesa que María Jesús Montero ha hecho al presidente de Canarias, Ángel Víctor Torres, supone que se respetará la Ley del REF de Canarias y se mantendrá el 80% de bonificación en el Impuesto de Sociedades en nuestras islas, que podrá llegar hasta un tope de 18 millones de euros.

¿Qué ha motivado la reculada de Madrid? ¿La reacción de cabreo unánime de todos los partidos de Canarias expresada en el Parlamento? Sea lo que sea, hay que apuntarle el mérito al mismo al que le estaban tirando de las orejas. Torres ha conseguido la promesa de que se respetará una Ley que se había vulnerado y hay que aplaudirle su buen trabajo negociador. Sería deseable que la modificación legislativa que afecta a Canarias se haga cuanto antes, para olvidar de una vez este chusco incidente institucional provocado por la prepotencia madrileña.

Y tampoco estaría mal, por cierto, que en las páginas de la Agencia Tributaria española, en donde se recogen las deducciones por inversiones en producciones cinematográficas se contemplen las que se conceden en Canarias. Porque hasta ayer mismo solo se hablaba de las realizadas en territorio español, pero sin incluir nuestras islas y sus superiores deducciones. Eso significa que o en Hacienda no consideran a Canarias territorio español –cosa que alegraría a más de uno que conozco– o que siguen sin acordarse de que en el Estado hay una comunidad que tienen un régimen económico y fiscal diferente al peninsular.