El hundimiento el pasado lunes día 5 de una parte del interior de la casa con el número 34 de la calle San Agustín, en pleno centro histórico de La Laguna, Patrimonio de la Humanidad, es la crónica de otro abandono anunciado. El edificio llevaba décadas cerrado y sin uso.

Su hundimiento es otro triste ejemplo de patrimonio en peligro de desaparición. Se trata de una valiosa casa en estilo historicista. En su fachada destaca un magnífico balcón de piedra corrido y una baranda de metal con una decoración que recuerda al estilo Segundo Imperio, típico de centenares de casas del centro histórico de París. En La Laguna, por el contrario, el edificio de la calle San Agustín es un ejemplar único que necesita una protección exquisita. De ahí que el hundimiento de parte de la casa sea otro fracaso más de la gestión municipal del centro histórico.

A esta casa abandonada le hago seguimiento desde hace años. En unas fotos que le tomé en 2019, se podían ver ventanas rotas y puertas abiertas en el primer y el segundo piso, permitiendo que las plantas, la lluvia y la humedad lagunera hicieran su lento trabajo de destrucción. Por dentro, la situación es aún más grave. Los tejados de la parte trasera están siendo tragados por la maleza salvaje.

El pleito judicial

¿Por qué no actuó el Ayuntamiento años antes para frenar el deterioro? ¿Por qué se sigue usando la política de urgencia del hacer algo cuando se caen las casas en vez de una política preventiva para evitar problemas futuros? El Ayuntamiento sabía del pleito judicial para decidir quién era el propietario del edificio. Por eso, mayor era la obligación municipal de cuidar ese inmueble mientras se resolvía el litigio. Esa debe ser la función verdadera de la gestión municipal del patrimonio y también su verdadero éxito: proteger nuestro patrimonio cuando más lo necesita.

Mientras tanto, pasa lo contrario. Los laguneros se siguen sobresaltando con noticias de hundimientos, incendios, expolios, plagas… Esto no puede ocurrir en un centro histórico que es Patrimonio de la Humanidad y que está protegido por toda clase de leyes y que recibe numerosas ayudas públicas para su gestión y conservación. La Laguna lleva más de veinte años siendo Patrimonio de la Humanidad, pero el número de edificios abandonados sigue pasando de cincuenta.

Hoy, la noticia es el hundimiento en la casa de San Agustín. El año pasado fue una casa en ruinas en el barrio de San Benito. El año antepasado fue un inmueble abandonado en la calle Manuel de Ossuna. ¿Y mañana cuál se caerá? ¿Y el próximo año? ¿Será la siguiente la Casa Van Damme del siglo XVII, cuyo techo está tan maltrecho que tuvo que ser apuntalado para que no se derrumbe? ¿Será la siguiente alguna de las casas terreras con tronja de la calle Marqués de Celada? ¿O será el Palacio de Nava?

Este palacio es uno de los edificios más preciados del Archipiélago, pero sigue abandonado desde hace décadas y el deterioro del interior es alarmante. Por fuera, en la calle, se ven las cagadas de palomas que se acidifican y acaban erosionando la piedra, las maderas de puertas y ventanas están desgastadas y agrietadas, las plantas como verodes crecen en partes estructurales y en los balcones, con el peligro de que una piedra caiga sobre los peatones.

Soluciones

El Ayuntamiento es el garante ante la Unesco de que se cumplan las directrices de protección del Patrimonio de la Humanidad. Directrices que se siguen incumpliendo. Y eso que el Ayuntamiento tiene herramientas legales para evitar los abandonos de casas. Puede multar a los propietarios. Puede exigirles que reparen el edificio antes de que se arruine. Puede hacer las obras de conservación de manera subsidiaria a costa del obligado. Incluso puede expropiar el edificio por incumplir su función social como bien patrimonial. Resulta increíble que el Ayuntamiento pueda perseguir hasta el fin del mundo a un conductor para que pague una multa por aparcar mal y que sin embargo haya muchas casas catalogadas como Patrimonio de la Humanidad cuyos dueños no son multados por abandonarlas a propósito.

La triste realidad es que cambian los partidos gobernantes, pero lo que no cambia es la política patrimonial de esperar a que se dañen las casas para actuar. Desde hace años, defiendo que la solución para proteger el patrimonio lagunero pasa por crear un patronato autónomo y apolítico, como el que gestiona otro lugares Patrimonio de la Humanidad. De lo contrario, laguneros y visitantes seguirán viendo como mucho del patrimonio abandonado desaparece año tras año.