La salida de los presos del procés indultados fue todo un espectáculo montado a mayor gloria del soberanismo catalán. Bien empieza la segunda parte de la cosa. A las puertas de la prisión de Lledoners estaba la plana mayor del Gobierno de Cataluña, con Pere Aragonés al frente, y la presidenta del Parlamento, Laura Borrás. Los presos desafinaron cantando El Segador, en un emocionante momento de exaltación nacional, mientras el público congregado ondeaba ‘esteladas’ y banderas de la defensa de Barcelona en 1714. Los presos liberados llevaban, a su vez, carteles de Freedom for Catalonia (Libertad para Cataluña). Mientras tanto, al Gobierno español le caía la del pulpo, con el ataque de histeria que le ha entrado a la oposición conservadora y las críticas de una parte importante de los medios de comunicación. El “gesto por la concordia” de Pedro Sánchez, de momento, no ha dado muy buenos resultados. Los presos aseguraron, al salir, que el Tribunal Supremo español es el Guantánamo de Europa y que no hay ningún indulto que pueda silenciar al pueblo. Ni un paso atrás en el camino de la independencia y la libertad de la república catalana independiente. ¿Qué ha cambiado? Realmente nada. España iba a sufrir un revolcón judicial en Europa y se ha adelantado liberando a los presos políticos (esa es la interpretación de algunos analistas y de los propios soberanistas) y la sensación es que la polémica medida adoptada por Moncloa no ha suavizado el lenguaje radical del bloque independentista. Está por ver si eso es solo una ‘pose’ política ante su electorado (porque existe un acuerdo subterráneo con Madrid) o si las tensiones soberanistas vuelven a estallar. Lo veremos en muy poco tiempo.