Hace unos días disfruté de una ruta en La Laguna entre el Convento de Santo Domingo y la Curva de Gracia, justo donde se produjo el 14 de noviembre de 1495 la batalla de Aguere, la llamada Ruta de los Menceyes, el antiguo camino que comunicaba La Laguna con el puerto. En su recorrido paramos en la Capilla Cruz Verde (siglo XVIII) y la Ermita de San Cristóbal (edificada en el siglo XVI en honor de la victoria de los conquistadores sobre los guanches), donde, aunque no está demostrado que descansen sus restos, una lápida tiene el nombre de Fernando Guanarteme, último rey de Gáldar, que, tras la conquista de Gran Canaria, se unió a los castellanos en la conquista de Tenerife.

Luego pasamos por la Cruz de Piedra, la más antigua de La Laguna, construida su base en 1560 con basalto de la cantera de Pedro Álvarez, también en conmemoración de la victoria de los invasores, y más adelante contemplamos la escultura de Bencomo, Mencey de Taoro, que representa la tenaz resistencia del pueblo guanche contra los conquistadores. Bajamos luego a la Ermita de Nuestra Señora de Gracia, hoy parroquia, en la curva del mismo nombre, construida en el siglo XVI donde las tropas castellanas instalaron su campamento en 1495, la ermita más antigua de Tenerife, pues sus orígenes se remontan al principio de la conquista, cuando Alonso Fernández de Lugo manda erigir la ermita a la virgen por la “gracia” concedida de haber terminado la conquista, junto a la que se encuentra en muy mal estado lo que fue un internado femenino atendido por las monjas oblatas. Y junto a ella la Casona Estévanez-Borges, actualmente en obras de rehabilitación.

Tras la conquista de la isla de La Palma en el año 1493 por el de Lugo, al servicio de los Reyes Católicos, todas las islas canarias quedan bajo dominio de la Corona de Castilla menos Tenerife, que siguió en posesión de los guanches.

En diciembre de 1493, Lugo firma las capitulaciones con los Reyes Católicos para invadir Tenerife, financiando la expedición con la venta de sus propiedades familiares y asociándose con comerciantes genoveses, efectuándose el alistamiento de tropas en Sevilla y Gran Canaria, desembarcando finalmente la armada invasora el 1 de mayo de 1494 en la costa de Añazo, actualmente ciudad de Santa Cruz de Tenerife, después de varios intentos fallidos.

Lugo recibe la ayuda de los reyes guanches de Anaga, Güímar, Abona y Adeje, que varios años antes habían acordado la paz con el gobernador de Gran Canaria, Pedro de Vera.

El de Lugo envía emisarios al reino de Taoro, en el Norte, el principal y más poderoso de la isla, reuniéndose ambos ejércitos en las proximidades de la hoy San Cristóbal de La Laguna. Según el religioso fray Alonso de Espinosa, Lugo ofreció a los guanches liderados por el mencey Bencomo amistad a cambio de su sumisión a los reyes de Castilla y su conversión al catolicismo, a lo que Bencomo se niega, con lo que guanches y conquistadores se retiran a sus tierras para preparar una inminente batalla, la primera de Acentejo, también conocida como la matanza de Acentejo, que tuvo lugar en un profundo barranco situado entre los actuales municipios de La Matanza y La Victoria, donde los guanches le dieron una soberana paliza al ejército invasor, a pesar de la enorme diferencia en medios y armamento entre ellos, pues los guanches utilizaban lanzas de maderas endurecidas al fuego, mazas y garrotes, siendo especialmente hábiles en el lanzamiento de piedras contra los conquistadores que avanzaban por el fondo del barranco, defendiéndose los guanches con unos vestidos enrollados en el brazo y pequeños escudos de madera de drago.

Sin embargo pudieron más las armas utilizadas por los conquistadores, más avanzadas, alabardas, espadas, dagas, cuchillos y ballesteros, no estando demostrado que usaran armas de fuego.

La batalla de Acentejo supuso la mayor pérdida de vidas de conquistadores acontecida durante los casi cien años que duró la conquista de Canarias, una derrota que obligó a Lugo a retirarse a Gran Canaria, desde donde preparó una nueva expedición, que finalmente, esta vez sí anexionó Tenerife a la Corona de Castilla tras la sangrienta batalla de Aguere, hasta la que Tenerife se resistió a ser conquistada.