En fechas recientes se han mostrado (que me haya enterado) partidarios del comunismo: Pablo Iglesias, Mónica García, la ministra-pasarela de trabajo que, formada en el “pensamiento-convenio colectivo”, afirmó que comunismo es democracia e igualdad, Luis García Montero, director del Instituto Cervantes y firmante del manifiesto “contra los 26 años infernales de Madrid”, dijo que pese a sus asesinatos y torturas él seguía siendo comunista. No les apasionan los principios político-morales del parlamento europeo.

Mientras esos partidarios del comunismo le dan el sentido fosilizado encastrado como creencia/religión en sus cerebros, Díaz Ayuso le da de opresión y persecución de la libertad y ahí acierta de plano. Como dijo Fernando Savater, a Ayuso no le perdonan sus virtudes en lugar de sus defectos. Añadió: “y hace, y no se queda con los brazos cruzados como otros”.

La izquierda ya ha descubierto que para ella no existe el mundo de los hechos, la realidad objetiva, cifras, logros materiales y de gestión. De ahí, que lo que representa la Unión europea, ni cuenta ni entienden, por eso tal cascada de trapacerías, falsedades, simulacros e incumplimientos, en informes y pronunciamientos que Europa desmiente de continúo. Por eso huyen a las fantasmagorías y puestas en escena de Franco, la memoria y el revanchismo del “No pasarán” y “Contra el fascismo”, auténticas escenificaciones histriónicas, histéricas y truculentas de una guerra civil de casi un siglo atrás. Con la ideología más caduca siempre. Su enajenación del mundo de los hechos económicos es tal, que todo lo fían a la subida de impuestos, concebidos conforme el mito “Robin Hood”, y amén, en contra de Europa otra vez. No solo el populismo es el que enfrenta problemas complejos con ideas sencillas, sino que es lo propio de la izquierda, ahora con descaro.

Felipe González ha sido claro también, ha reprochado al gobierno la falta de transversalidad y de representación del conjunto de la ciudadanía. El guerracivilismo instaurado por el estadista Zapatero, es reeditado agonísticamente, porque no tienen más.

El dominio y manipulación partidista de la instituciones del Estado, la unilateralidad de reformas vía decretos leyes, la labor legislativa no consensuada proscribiendo a la derecha, las leyes activistas de botarates ágrafos/as supurando ideología de baratillo, la sistemática falta de transparencia, hurtando información básica, el sangrante derroche en ministerios y asesores con colas de hambre, la conformación del conjunto de la sociedad por una ideología invasiva de lo sistémico pero también de los mundos de vida (educación, sanidad, idioma, gustos (toros, caza), legitimidad del pensamiento conservador); la insufrible jactancia imperial y patrimonial de atributos y símbolos del poder.

Creo que las libertades de Ayuso están entendidas.