Más que los densos análisis sobre vericuetos, azares y avatares políticos, que como en el fútbol han generalizado sus especialistas y autoridades, deberíamos enfrentar los hechos al modo fenomenológico, por lo que son y no su superficie. Supondría un avance espectacular, pero es imposible por la propia naturaleza humana, entretejida de emociones, simbolizaciones y pulsiones. Ya se empieza a hablar de España como estado fallido, ocurre que el Estado es el Leviatán y aguanta prácticamente todo, en el caso español con un solo poder, el judicial y en una instancia afortunadamente supranacional (UE), si alguna de las dos fallara, no sería estado fallido sino confederación de sangrientas tribus. La antigua izquierda a la que se le suponía solvencia intelectual ha desaparecido por completo y ahora a lo más que llega es a acuñar eslóganes que compiten en estupidez con el anterior. Les basta que un obispo vasco como Iñaki Gabilondo, del que no conocemos ni una sola mueca antifranquista vivo el caudillo, dijera que Rajoy era quien creaba los independentistas catalanes, para que formara la ola del Maracaná. Un análisis de tanta ramplonería en otro tiempo la izquierda no lo hubiera dicho, un análisis con tufo a libros quemados . Este yerno ideal diciendo estas tonterías pone por el suelo a los estudiosos del nacionalismo: Gellner, Hobsbawm, Kendouri, Maalouf, Anderson, Ignatieff. O la comparación entre nacionalismos, esa simetría entre el español (cuando ni existía VOX) y catalán. El no nacionalismo español pre-VOX (de “gran nación” recordando a los austro marxistas) que tolera todo, se retira de todos los campos estratégicos y funcionales, y el nacionalismo catalán que persigue para eliminarlo, idioma/cultura débil (españolas) en su territorio.

Ardía Barcelona en la guerra civil, cuando Simone Weil y George Orwell escaparon no de Franco sino de los comunistas, y casi en el año 2017, cuando la Guardia Civil y Policía Nacional fueron enviados a Cataluña. Recuerdo que familiares y amigos les despidieron en algún punto de Andalucía, al grito de “a por ellos”. No les iban a decir “¡aprovechad y aprended catalán!” (idioma hecho cuartel), la clericalla mediática del obispo vasco, con una objetividad, ponderación que desarmaba, hacía enconadas hipérboles antifascistas del cántico futbolístico, ocultando, minimizado, el vandalismo fascista de los supremacistas: nazis de sentimiento, pensamiento y actos ininterrumpidos (80% puros)

Son casos de portentosa manipulación los previos de una deriva de mayores concesiones, intentos de congraciarse con nuevas daciones y sumisiones ¡y perpetuarse en el poder! de hombres de honor como el doctor Sánchez, el petimetre Iceta y el cisne Illa que pueden acabar conduciéndonos a incalculables riesgos que conmocionarían Europa. No descartemos nada.