Menos mal que, en medio del caos de la gestión de pandemias, vacunas y colas que las autoridades se saltan para recibir su dosis antes de que les corresponda, hay una entidad municipal con dos dedos de frente, preocupada por los problemas que en verdad importan. Informa el diario La Voz de Cádiz que el consistorio de la ciudad que se conoce con el nombre de la tacita de plata, el gaditano, vaya, solicitó en el pasado mes de septiembre a la Fundación Municipal de la Mujer un informe que detallase si el proyecto de sustituir las pasarelas de madera que protegen las dunas de la playa de Cortadura “garantiza la equidad de género e incorpora una mirada feminista”. Lo pongo entre comillas para dejar claro que cito de forma textual, ante la posibilidad nada despreciable de que algún lector pensase que se me había ido de golpe la olla.

Sustituir las pasarelas era necesario porque estaban ya estropeadas las pobres. Pero no se trataba de hacerlo a tontas y a locas incrementado las desigualdades por razón de género sino de todo lo contrario, aprovechar la oportunidad incrementando las miradas feministas. Y nadie mejor para decidir si es así que la Fundación Municipal de la Mujer, una entidad gaditana que ha intervenido con eficacia en la imprescindible erradicación de la violencia de género, ha puesto su grano de arena en contra del lenguaje sexista y, en general, ha cumplido con sus objetivos desde que se creó.

Por desgracia, la noticia no recoge el contenido del informe solicitado por al área municipal de Medio Ambiente, y ni siquiera precisa si la fundación requerida lo envió. Quizá sea porque cabe imaginar lo que harían los (las, supongo) responsables de dicha fundación al recibir la solicitud. ¿Cómo se aprecia si el proyecto de una nueva pasarela garantiza la equidad de género? Más allá de evitar cualquier signo fálico –hay que suponer que la persona responsable del diseño ya se habría cuidado de tenerlo en cuenta– entran serias dudas acerca de cómo cabe incorporar una mirada feminista a los tablones. Estamos hablando de una pasarela, palabra de género femenino, por suerte, y no de un puente, que habría habido que derribar de inmediato. Se puede rehacer con tablas en vez de tablones. Y vigilar que mire en la dirección correcta en vez del sentido reprochable. Pero por esa vía se agotan enseguida las ideas. Poca mirada feminista resulta ésa.

Cádiz es la segunda provincia de toda Andalucía con mayor brecha salarial entre mujeres y hombres: un 27% de diferencia a favor de los sueldos masculinos en febrero de este año, según el Instituto Andaluz de la Mujer. Se diría que es ése un terreno más oportuno para ganar batallas. Pero como lo que el ayuntamiento quiere es garantizar la corrección política de la nueva pasarela, digo yo, por aquello de colaborar, que a lo mejor sería bueno ponerle faldas.