A veces una coma tiene mucha importancia. En RTVE se ha liado parda con un pie de imagen en el que se anunciaba “La infanta Leonor se va de España, como su abuelo”. La noticia aludía –con sorna– a que la heredera del trono se irá a estudiar a un colegio en Gales, en el Reino Unido. ¿Hay algo de falso en la afirmación? Pues no. Distinto hubiera sido que el rótulo hubiera indicado que “La infanta Leonor se va de España como su abuelo”. O sea, sin coma. Porque indicaría que las razones de su marcha serían las mismas que las del rey emérito, cosa que no es. La directora de RTVE procedió a ejecutar sumariamente a los autores de la noticia chusca. Y acaso sea un poco excesivo. Es verdad que una televisión institucional –como la BBC, que siempre ponemos de ejemplo– no se permite estas humoradas. Y que tampoco TVE debería hacerlo. Pero eso se arreglaría mejor con una bronca o un tirón de orejas a los graciosos. La infanta se va de España, como su abuelo, como Puigdemont, Ana Gabriel o Carla Ponsatí. Pero no por las mismas razones. Cabría preguntarse si es oportuno que la heredera de la Monarquía española se eduque en un colegio extranjero. Pero doctores tiene la iglesia. De momento, la bromita les ha costado el puesto a algunos profesionales que se permitieron una humorada crítica en un espacio en el que pegaba tanto como una cabaretera en un convento de clausura. Fue inadecuado, pero dejar sin garbanzos a los responsables igual es una medida muy extrema. Sin coma sería una falsedad impropia y grave. Con coma, solo una salida de tono.

La camarada Olivia Delgado ha dicho que los ministros, ministras y ministres del Gobierno de España se han partido el alma para dar respuesta a la crisis migratoria en Canarias. Ellos lo llaman “fenómeno migratorio”, como aquí se decía con crueldad “fenómeno de Taganana” para aludir a un famoso local afectado por una enfermedad deformante.

La culpa de todo, por supuesto, es del Partido Popular, que es la encarnación de un mal azul que brilla siniestro. Los fachas, cuando gobernaron, desmontaron los centros de acogida de inmigrantes que había en Canarias, ubicados, como todos sabemos perfectamente, en la isla de San Borondón, amplios, espaciosos y cómodos. Pero nada más llegar Pedro Sánchez al Gobierno, nos ha contado Olivia Delgado, testigo de excepción, se volcó en reforzar “las medidas en materia de seguridad y los sistemas de acogida”.

¿Cuales son esas medidas, se preguntarán ustedes? Pues después del Aquarius, cuando los presidentes de media Europa le preguntaron si le faltaba un agua, Sánchez comprendió que había metido la pata. Los vídeos de los emigrantes bajando en el puerto de Valencia recibidos como en la ceremonia de los Oscars electorales fueron como un altavoz enfocado hacia el mundo africano que gritaba “¡España recibe a los pobres del mundo con los brazos abiertos!”. Pero era falso. España se volcó en blindar el Estrecho con muchos más efectivos y sistemas de vigilancia avanzada. Y como ya demostró Arquímedes, si cierras la boca las moscas tienden a entrar por la puerta trasera. La ruta de Canarias se abrió esplendorosa para los pobres subsaharianos y para que Marruecos decidiera hacernos otro poquito de chantaje, que es su política exterior.

Los expertos ya avisaban de lo que iba a pasar. Y cuando pasó, Pedro Sánchez y sus ministros organizaron en el muelle de Arguineguín el espectáculo más lamentable que se recuerda. Cientos de seres humanos amontonados, durmiendo sobre el suelo. Y después los llevaron a hoteles turísticos. Y después a tiendas de campaña levantadas sobre el suelo embarrado y las aguas fecales. O sea un primor. Una delicia. O como diría la camarada Olivia Delgado “una respuesta rápida y ágil”, que es como califica la ocurrencia de los hoteles, y “una red flexible de centros de acogida”, que es como llama a las carpas donde ahora los amontonan. Que flexibles sí que son, porque son de lona.

Lo han hecho bien, camaradas. Muy bien. El padrecito Sánchez ha estado a la altura. Han dejado salir sin control a inmigrantes contagiados de coronavirus. Les han bloqueado la posibilidad de viajar a la Península, pero se les ha permitido moverse libremente entre las islas porque los quieren embolsados en Canarias, pero fuera de España (y no es un error del todo y la parte). Han practicado una política de chapuza, improvisación y hasta crueldad con los emigrantes ilegales. Hay gente que ha muerto ahogada a pocos metros de los riscos de nuestras costas porque los sistemas de vigilancia no se encuentran ni su propio trasero. Y encima tienen el estómago de presumir de lo bien que lo han hecho.