El Gobierno guanche no puede salvar a todo el mundo. Lo ha dicho, en un arrebato de sinceridad, la consejera de Economía, Elena Máñez. Es “imposible” rescatar a todas las empresas que se han hundido con el cero turístico. No hay perras, así que hay que elegir.

O sea, los que mandan deciden a quiénes salvan y a quiénes dejan flotando en las olas, camino de los riscos. Hace unos meses nos dijeron que tenían un plan para reactivar la economía de las islas. Que este iba a ser el año de la remontada. Que desde Peninsulandia iba a venir una lluvia de millones para salvarnos del ahogamiento general. ¿Y qué ha pasado?

Pues que no dan ni una. Este año la única remontada que vas a disfrutar es la que te espera cuando montes una mesa de Ikea y te sobren dos patas: y vuelta a empezar. Hemos perdido veinte puntos de la riqueza regional en el mayor estampido que se recuerda. Los trabajadores están cayendo como moscas y en este momento, entre parados, congelados en los ertes y gente que ha tirado la toalla, superamos las cuatrocientas mil almas. Y del dinero de Madrid ya se pueden ir olvidando. Vendrá a cuentagotas y a mala gana. Porque no pintamos una mona. Porque ni les acojonamos, ni nos necesitan, ni nos tienen por más que unos quejicas profesionales que viven permanentemente de poner el cazo. Y no digo, la verdad, que les falte algo de razón.

El Gobierno macarronésico canario ha decidido que como no puede salvar a todo el mundo, pues va a elegir. Vayan pasando los veinte mil afortunados, en parejitas de dos en dos, al Arca de Noé del Pacto de las Flores. Van a repartir, entre todos, unos 170 millones de flotadores. A los más gordos más y a los más flacos menos. Y a otra incierta cantidad les van a dar la pedrea: en vez de pagar los impuestos que les toca apoquinar ahora se los atrasarán algunos meses. Hoy no tienen dinero para pagarlos y dentro de unos meses tampoco. Pero el retraso da un sutil mensaje de humanidad. Maravilloso. ¡Qué buena es esta gente que pone sus nóminas en peligro dejando de cobrar impuestos!

Y hay que ver la cantidad de anuncios y promesas que nos han hecho. Y lo bonitas que eran. La señora Maroto, ministra de Turismo de las Españas, anunció cuatro mil y pico millones para el sector: un dinero que sigue desaparecido en combate. Aquí en el menceyato presentaron con bombos y platillos y un vino español –del que Román Rodríguez se negó patrióticamente a tomar un solo sorbo– el Plan de Reactivación de nuestra cojitranca economía. Eran más de cinco mil setecientos millones de euros de los que en este año y el próximo nos iban a caer cosa así de dos mil para “el reimpulso” empresarial y setecientos para el empleo. Y ya ven.

Podría seguir, pero es aburrido. Me pregunto a quién elegirán si con las vacunas pasa lo mismo y no hay para todos.

Un proyecto asombroso

Como decía no se quién, desconocemos los límites del universo, pero sabemos que la estupidez es infinita. La única forma democrática, responsable e inteligente que tienen los gobiernos para intervenir en los precios de las viviendas es poner en alquiler o venta un parque de vivienda pública barata. Porque eso aumentará la oferta y hará bajar los precios. Es lo que han hecho en las grandes ciudades europeas de éxito. Pero en el Gobierno de Canarias, que es más del viejo modelo albano –el de Romina: cantar sin mover las manos– consideran que hacer viviendas públicas –o sea, invertir, crear empleo, etc– es una lata y es muchísimo mejor apropiarse del ahorro invertido en las viviendas privadas. ¿Para qué meterse en el largo y difícil proceso de construir un parque público si es mucho más fácil intervenir el precio de los alquileres desde ahora mismito? El proyecto que dice tener nuestro inefable ejecutivo pretende fijar un “precio máximo” de alquiler en algunas ciudades donde esté muy caro. El propósito mueve un poco a la risa si tenemos en cuenta que la administración autonómica está atascada y es incapaz de resolver un trámite en tiempo y forma. Si ni siquiera son capaces de pagar las ayudas al alquiler de familias sin recursos económicos, ¿se los imaginan verificando el precio de los alquileres? En todo caso, si les diera por seguir con el disparate adelante es bastante probable que los tribunales les paren las patas. Porque una cosa es la función social de la propiedad y otra muy distinta el robo y el expolio de los derechos privados.