No exagero. No voy a insistir en el asalto al Capitolio el día de Reyes porque mucho se ha escrito ya. El pasado martes la Cámara de Representantes pidió formalmente al vicepresidente Pence, que al parecer ya no se habla con Trump, que le inhabilitara utilizando el procedimiento previsto en la XXV Enmienda de la Constitución. Y como no ha querido hacerlo, la Cámara ha decidido iniciar el proceso para destituirle acusándole de “incitación a la insurrección”. Es muy grave porque aunque no dará tiempo a completarlo antes del fin de su mandato y puede naufragar después en el Senado, tiene dos consecuencias importantes: le otorga el dudoso honor de ser el único presidente en la historia con dos impeachments, y si progresa le impedirá volver a ocupar cargos federales. Le espera un calvario de querellas y procesos judiciales que le impedirán jugar plácidamente al golf en Mar-a-Lago.

Trump emplea sus últimos días como presidente para llevar a cabo una oleada de ejecuciones como el país no había conocido, y para complicar la tarea de su sucesor en el ámbito de la política exterior, donde su secretario de Estado Mike Pompeo parece dispuesto a no dejar títere con cabeza. Dejo de lado su reciente decisión de reconocer la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental para centrarme en Irán, Yemen, Cuba y Taiwán:

Irán: una obsesión de Trump desde el primer día que le ha llevado a considerar un ataque militar cuando ya había perdido la presidencia. Afortunadamente le disuadieron. Estos días EEUU ha enviado un portaaviones y un submarino nuclear a la zona, aumentando la tensión ambiental, y ha declarado que Irán es la “base de operaciones” del grupo terrorista Al Qaeda, obviando el dato de que es sunnita cuando Irán es chiíta y enemigo jurado de esa organización, a la que ha combatido en Afganistán. A Irán se le pueden criticar muchas cosas con mucha razón, pero esta parece poco consistente.

Yemen: EEUU ha declarado grupo terrorista a los huthis, una tribu chiíta vínculada con Irán que lucha contra el gobierno de Sana’a apoyado por Arabia Saudita. En Yemen hay una guerra civil que ha sumido al país en una catástrofe humanitaria sin precedentes con hambrunas, brotes de cólera y un desgobierno que -ahí sí- aprovecha Al Qaeda para dominar algunas zonas. Esta declaración ha indignado a los demócratas del Congreso porque no contribuirá a acabar con el conflicto y agravará la crisis humanitaria al dificultar el envío de medicinas y alimentos a un país que importa el 90% de lo que come.

Cuba: Pompeo ha decidido meter ahora a Cuba, sin ningún motivo aparente que lo justifique, en la lista de países que apoyan el terrorismo, donde compartirá honores con Corea del Norte, la República Islámica de Irán y Sudán, aunque a este último los americanos han prometido sacarlo después de que se comprometiera reconocer al Estado de Israel. Esto dificultará el comercio de Cuba con terceros países y complica la futura política de Biden hacia la isla.

Taiwán: lo más peligroso porque significa meterle un dedo en el ojo a China, hipersensible en este ámbito. Pompeo ha relajado las condiciones para contactos diplomáticos con Taiwán y eso, en este momento, solo puede entenderse como un intento de complicar las futuras relaciones del presidente Biden con Xi Jinping. Hay rumores –afortunadamente no confirmados– de que Pompeo desearía visitar Taiwán estos días, lo que sería la puntilla.

Y mientras todo esto ocurre en política exterior, dentro de casa las cosas no están mejor: Trump está indignado y ve “peligro” en el inicio del proceso de impeachment porque dice que causa “rabia” a sus seguidores. También considera “completamente apropiadas” sus palabras del pasado día 6 animándoles a ir al Capitolio. Con estos precedentes y la cantidad de armas que circulan por el país hay que tomarse muy en serio las advertencias del FBI sobre disturbios generalizados en torno al 20 de enero, fecha de toma de posesión de Biden a la que Trump ha dicho que no asistirá. Hay más soldados protegiendo Washington que en Afganistán e Irak juntos, más que en la película Mars Attacks de Tim Burton. Ojalá no pase nada.