¡Oh, melancolía!, novia silenciosa, beso que retorna como el mar, o como un plato de jamón de Jabugo. Hay almuerzos melancólicos, como existen almuerzos dispépticos, tristemente esperanzados, esperanzadoramente tristes, penúltimos almuerzos de parejas rotas o primerizos de novios imposibles, como el que mantuvieron hace un par de días en Las Palmas Román Rodríguez, vicepresidente del Gobierno de Canarias, y Enrique Arriaga, vicepresidente del Cabildo de Tenerife. Como explica en su magnífica crónica M.A. Montero, Rodríguez se dedicó a explorar las cosquillas de Arriaga a favor de que Ciudadanos respalde al actual Gobierno autonómico y no caiga en la tentación de propiciar una moción de censura contra Ángel Víctor Torres, nuestro bienaventurado Judas Tadeo. Si fue Rodríguez quien pagó la cuenta ha perdido dinero, pero en algo se ha de ocupar un vicepresidente cuando su país se viene abajo.

Como ocurre con los Reyes Magos, Ciudadanos no existe. Después de una larga agonía la dirección nacional de Ciudadanos, o lo que en estos territorios ultraperiféricos significa lo mismo, Melisa Rodríguez, se decidió a designar a Arriaga como coordinador de Ciudadanos en Canarias. En la configuración de la dirección del partido los militantes de Cs en las islas no han pintado absolutamente nada, porque en realidad la organización liderada por Arrimadas funciona más como un club de fans que como un partido político. Si Arriaga fue designado coordinador no se debió a su excepcional talento político o a su deslumbradora capacidad de liderazgo, sino porque es el cargo público más relevante entre sus compañeros, nada menos que la Vicepresidencia del Cabildo de Tenerife, con despacho, tropilla de asesores y asimilados, fanfarrias y presupuestos en sus áreas de gestión.

Ciudadanos cuenta con dos diputados en el Parlamento de Canarias: Vidina Espino y Ricardo Fernández de la Puente, que además es, supuestamente, el coordinador del partido en Tenerife. Con la abstención de cualquiera de ellos podría triunfar una hipotética moción de censura respaldada por CC, PP, la Agrupación Socialista Gomera y la diputada (disidente) Sandra Domínguez. Desde el grupo mixto Espino y De la Puente se han mostrado muy críticos con la gestión del Gobierno autonómico, en particular, desde el estallido de la pandemia. Cambiar la estrategia de una oposición dura hacia un apoyo discreto al Ejecutivo se les antoja impresentable, y tienen razón. Espino, maltratada como respuesta a sus preguntas en pleno y comisión, no parece demasiado dispuesta a sostener un Gobierno como el presidido por Torres.

Y Arriaga no tiene nada que hacer al respecto. Bueno, sí: puede pedir otro platito de jamón de Jabugo si invita Román Rodríguez. Solo me incomoda que al final la tapita –y los postres – la hayamos terminado pagando nosotros. ¡Oh, melancolía, dime quién les puede amar!