Queridos Melchor, Gaspar y Baltasar:

Sé que ustedes lo saben todo. Que no les podemos engañar diciéndoles que nos hemos portado bien si no ha sido así. Creo que este año deben ser muy compasivos porque hemos tenido algunas dificultades que nos han hecho rebelarnos y crisparnos bastante los unos con los otros. En muchas ocasiones nos hemos parecido más a niños caprichosos que a ciudadanos responsables. Pero es que eso de las mascarillas y las distancias lo llevamos muy mal. Por eso quiero comenzar pidiéndoles que sean indulgentes y actúen más con el corazón que con la cabeza.

Lo primero que les pido es un paquete de sinceridad bien grande. A todos nos gusta jugar con las reglas claras y cuando la mentira se adueña de la plaza pública se nos quitan las ganas de participar. No estoy seguro de quién de ustedes trae la veracidad, la claridad, la coherencia, la sinceridad... Espero que Herodes no les haya convencido y rompan con esa tradición que ha quedado en el refranero sobre que los niños decimos la verdad y, por ello, a veces somos crueles mutuamente. Pero no es bonito decir mentiras. Y este año las hemos dicho. Y muchas. Por eso, un paquete de sinceridad bien gordo que dé para todos.

También les quiero pedir una gafas para la miopía insolidaria que comienza a aparecer por aquí y por allí. No vemos bien, porque miramos de manera desenfocada y nos fijamos en bobadas olvidando lo importante. A veces muchos vemos negros o árabes. Y no vemos personas. Nos fijamos en las apa-riencias y solo vemos apariencias. Este sería una buen regalo. Ver bien la realidad nos ayuda a no cometer injusticias. Hay personas en las pateras y hay personas en las camas de los hospitales y hay personas nacidas y hay personas por nacer. Y como no vemos, pues nuestro corazón no siente. Unas gafas buenas. Y si al regalarnos una les dan muchas de regalo, denle unas a cada uno de todos nosotros.

Tal vez lo que he dejado para el final sea imposible. Es que es muy grande. Puede que no lo puedan cargar los camellos. Pero sí que sería un regalo bueno. Como dicen por ahí, un regalazo. Trabajo para todos. Uy, aprieto los dientes y cierro los ojos al escribir esto. Ya sé..., pero como los niños a veces pedimos lo imposible... Es que ahora va a estar esto muy complicado y sin trabajo pues todo se va a poner muy complicado.

Me han dicho que a quienes no crean en los Reyes estos no les cumplen sus deseos. Yo sí que creo, ¿eh? Ni duden que dudo de ustedes. Creo mucho, mucho, mucho... Y se los digo de verdad, de la verdadera. Los niños de más de cincuenta años tal vez seamos los que más creemos en ustedes. Porque la ilusión no es cosa de niños.

Queridos Reyes Magos. Les espero con ilusión y esperanza...