Coincidían esta semana prácticamente en el tiempo dos noticias: una se refería al aumento de la pobreza; la otra, a las deliberaciones de los ministros de Exteriores de la OTAN sobre la eventual reforma de esa alianza militar.

Según pronostica la ONU, por vez primera desde 1988, el año de la crisis financiera asiática, va a aumentar la pobreza extrema en todo el mundo, entendiéndose por tal el que una persona disponga de menos de 1.90 dólares al día para satisfacer sus necesidades.

Mientras las mayores fortunas han crecido de modo exorbitante durante la actual pandemia, el mundo ha sufrido este año el mayor retroceso de la renta per cápita nada menos que desde 1870, señala Naciones Unidas en su último informe.

A conclusiones similares llega el Banco Asiático de Desarrollo, según el cual los países de esa región podrían ver descender su PIB hasta en un 9 por ciento mientras que en el sureste de Asia, India incluida, la caída podría representar cerca de un 16 por ciento.

El desempleo ha aumentado de modo dramático, y así, en el segundo trimestre del año que termina, el mundo perdió 495 millones de empleos a tiempo completo. La crisis se cebo de modo muy especial en el sector informal y afectó directamente a las aproximadamente 2.000 millones de personas que se dedican a la llamada “economía sumergida”.

Ante este panorama, señala la ONU en su informe, la organización sólo ha logrado reunir la mitad de los 35.000 millones de euros que necesita para luchar contra el hambre y la pobreza, que van a aumentar considerablemente como consecuencia de la actual pandemia.

Pues bien, mientras la ONU lanzaban tan dramática advertencia, los Gobiernos de la OTAN deliberaban por videoconferencia sobre cómo preparar estratégicamente a la organización militar para los que ven como nuevos retos.

Para la Alianza Atlántica, los peligros que acechan a los países que la integran son el terrorismo, los ciberataques y la dependencia en el suministro energético (léase Rusia, pero también China).

Los ministros de Exteriores hablaron de reunirse con mayor frecuencia y estrechar los lazos con las cuatro democracias del Pacífico que no son miembros de la OTAN- Australia, Japón, Nueva Zelanda y Corea del Sur- además de forjar una nueva alianza con la India como contrapeso a China.

Thomas de Maiziére, ex ministro alemán de Defensa, que lideró el grupo de expertos encargados de elaborar el informe titulado “OTAN 2030: Unidos para una nueva era” habló del peligro de Rusia, “que nos desafía con un ambicioso programa armamentista”.

Y también de China, “que puede llegar a representar una potencial amenaza” y que “con sus aspiraciones hegemónicas mundiales constituye un desafío tanto político como social para el Occidente democrático”.

Todo, siguiendo una línea de Guerra Fría, en la que parece ignorarse hechos tan evidentes como que el presupuesto militar de EEUU es de 607.000 millones de dólares – el 41 por ciento del total mundial- y el de la UE, de 194.000 millones frente a los 85.000 millones de China y los 70.600 millones que corresponden a Rusia.

La cuestión, por lo que se ve, es seguir alimentando al voraz complejo militar-industrial de unos y otros mientras, como advierte el informe de la ONU, millones de personas de todo el planeta, se hunden cada vez más en la pobreza.