16 de octubre de 2020
16.10.2020
A babor

El sanchista tranquilo

16.10.2020 | 01:55
El sanchista tranquilo

Lo peor que puede decirse del presidente Torres es que presume de ser sanchista, aunque lo cierto es que no lo parece: suele evitar los enfrentamientos, tiene una suerte de aversión al conflicto, y es todo lo contrario a un provocador. No se le conocen fobias especiales ni se recuerda que haya sometido a sus adversarios a humillaciones o persecuciones. Sólo presume de ser de pueblo, que es una forma inteligente de presentarse en la ciudad, y quizá de haber ganado un premio literario cuando escribía cuentos, hace mucho tiempo. Ahora se dedica a la política y se ha especializado en no presumir de sus cuentos, aunque sigue haciéndolo de sus cuentas. Desde que es presidente, parece que se fía bastante de las que le prepara Antonio Olivera, que es como otro Ángel Víctor Torres en versión diminuta (no se embronca ni cabrea, sabe encajar, no discute demasiado€) y es quien le hace los números. Se ocupa, pues, al mismo tiempo de las cuentas y de los cuentos. Pero no de todos los cuentos: aquí cada maestrillo tiene los suyos y los hace circular según conviene. Uno de esos cuentos, inspirado por los socios más ariscos del pacto floral –Román Rodríguez y Casimiro Curbelo- estaba teniendo cierto éxito en los mentideros locales. Venía a poner fecha de caducidad al pacto en los Presupuestos, si Madrid no cumplía con Canarias (y con La Gomera). Torres ha estado aguantando mucha tela de sus socios, semana tras semana. Hasta hace pocos días, cuando el presidente respiró tranquilo después de que en Madrid le dijeran que Canarias iba a ser muy bien tratada en el reparto, atendiendo a la gravedad de la situación social y económica en una región que necesita un rescate pero aún no ha empezado a pedirlo a gritos.
Estoy sinceramente convencido de que Torres ha estado peleando por ese rescate –que debe hacerse con disimulo, pero debe hacerse-, y también de que llegó a creerse las buenas palabras de las/los ministras y ministros. Pero a veces hasta la paciencia de un santo varón de Arucas puede agotarse. Después de mantener sus reclamaciones en un tono voluntariamente bajo, Torres se descolgó ayer con Àngels Barceló, y habló con más rotundidad de la que suele sobre el reparto de las ayudas de Bruselas en las comunidades autónomas. Pidió que la distribución fuera "justa", es decir que no se produjera en base a los mismos criterios de población y territorio con el que se han distribuido las primeras partidas del fondo Covid, sino atendiendo la situación de las regiones. El presidente canario, después de desgranar los principales problemas a los que hoy se enfrenta la sociedad de las islas, recordó que "el mayor porcentaje de personas en Erte está en Canarias" y que la temporada turística, a la que se había fiado el inicio de la recuperación, está condenada: "Nuestra temporada alta empieza ahora y el horizonte no se vislumbra despejado", dijo. Uno se pregunta si Torres se ha despertado de un sueño: lleva ocho meses confiando en que Sánchez tiene las islas en la cabeza, y es difícil que sea cierto, porque en la cabeza de Sánchez sólo cabe Sánchez. Los dineros que se espera lleguen algún día de Bruselas –si al final no la lían manoseando al poder judicial– ya han sido distribuidos por los ministerios, sin tener aún información sobre los proyectos que presentarán las regiones. El maná europeo se quiere usar para engordar los presupuestos y comprar con él la colaboración vasca y catalana para aprobar los Presupuestos 2021 y asegurar que el gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias cuente con mayoría para aguantar la legislatura y hasta el infinito y más allá.
Canarias no suma para nada en ese juego. Supongo que Torres se ha dado cuenta de que más bien resta.

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