16 de octubre de 2020
16.10.2020
Manual de objeciones

A por los jueces

15.10.2020 | 23:35
A por los jueces

No hay nada más esclarecedor para el alma que observar cómo los lobos que dicen ser vegetarianos se pelean a dentelladas por el sangriento despojo del Consejo General del Poder Judicial.
No hay trampa, ni cartón. Ya no se guardan ni las formas. Prometer hasta haber metido y después de haber metido, nada prometido y tristes y solas se quedan las urnas en el Monte de Piedad. Los partidos políticos ya no disimulan su feroz pretensión de controlar el poder judicial. Quieren tener agarradas a las togas por las puñetas porque siempre es bueno poder conseguir que tus enemigos sufran pena de telediario.
Durante años pensamos que la Justicia era un poder independiente. Y eso que ya veíamos a los jueces que iban y venían, desde los tribunales a los cargos políticos, en una incesante puerta giratoria. Garzón nos empezó a abrir los ojos a cachetadas. Y después vinieron las asociaciones de jueces conservadores y progresistas. Y la de fiscales de un lado y del otro. Y los enfrentamientos a cara de perro de la política tenían su réplica en espejo en un mundo jurídico, polarizado también en bloques.
Ya lo dijo Pedro Sánchez. ¿De quién depende la Fiscalía? Del Gobierno ¿no? Pues eso. Y eso fue lo que pasó. Que mandó a la fiscalía a una ex ministra socialista, Dolores Delgado, de quien escuchamos, siendo en ese momento reputada fiscal, adorables chascarrillos sobre un compañero "maricón", en una inolvidable cuchipanda con el comisario Villarejo. Esa comida le habría costado los ovarios a cualquier política de la derecha española. Pero no a Delgado. Porque la izquierda tiene una mayor tasa de supervivencia moral.
La experiencia nos ha ido despertando. Con cosas como las grabaciones que le hicieron al juez Alba en su despacho y las que hizo él a sus compañeros en el Palacio de las Injusticias y los Rencores de Las Palmas: una ventana sonora al mundo de las componendas gremiales y el sectarismo, que implicaba a la jueza Rosell, hoy feliz alto cargo del Gobierno en nombre de Podemos, y a otros jueces y fiscales de la casa de los líos. Eso por no hablar de otros sucesos paranormales de la realeza togada, como mariscadas en Marbella y viajes de putiferio a las Américas. Hay de todo.
En la Justicia, como ocurre en la superficie de nuestro planeta, cuanto más asciendes más se enrarece el aire. Arriba ya no se puede respirar. Ver a Pablo Iglesias, cuya imputación ha pedido un juez, hablando animada y públicamente con Carlos Lesmes, presidente del Tribunal Supremo, que tiene que entender sobre su caso, habría sido un escándalo hace muchos años. Hoy a nadie se le mueve la coleta.
Ya no hace falta disimular. Todos quieren el control del poder judicial. La izquierda pretende cambiar el sistema de elección del órgano que manda en los jueces, para hacerlo a su medida de hoy. Que mañana será la medida de la derecha. Y allá van. A degüello. Con los procedimientos, con la Constitución y con este país. Hasta que todo reviente.

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