10 de octubre de 2020
10.10.2020

La tierra: algo más que dinero

10.10.2020 | 00:58
La tierra: algo más que dinero

En unos años hemos pasado de alimentarnos con productos locales, de cultivar 1.500 m2 por habitante, a situarnos en 200 m2 ahora. De una relación directa entre la alimentación y la producción local, mientras que de fuera solo entraba arroz, aceite, trigo o maíz para parte del gofio, y en contadas ocasiones leche en polvo y algunos alimentos enlatados.
Ahora nos alimentamos en un alto porcentaje de comida de procedencia mundial, desde cebolla de nueva Zelanda, almendras de California, o ajos de China. No nos ponemos colorados de poner a arrugar papas de Egipto en Los Realejos, o tomar vino de importación en Acentejo, o queso de Holanda en Garafía.
Las fiestas en Icod el Alto son un botellón, apenas valoramos lo local, lo lúdico asociado al campo, al joven más curioso, que cultiva mejor, al que trabaja la tierra, que aprovecha los recursos. Jóvenes integrados en el medio rural, de mano con los maestros de la tierra, ayer y hoy sabiduría, trabajo y capacidad de innovar, mejor mantenimiento, y una agricultura y ganadería más sostenibles.
Los y las urbanitas degradan lo rural. Usan como referencia su cultura urbana. Las mascotas tienen un espacio preferente a la ganadería. Ahora molesta hasta un gallo, nos digamos de vacas, cochinos, estiércol. Tenemos gimnasio y numerosos centros de estética en los pueblos, encabar un sacho es cosa de especialistas, "hemos de hacer máster de guataca".
Referirse al campo es del pasado. Hemos suplantado el mundo real por el espectáculo, confundimos lo real con lo imaginario. Degradamos el esfuerzo en el trabajo de la tierra como algo marginal, trabajar en el campo es degradante, estamos dispuestos a poner un mayor esfuerzo en deportes como Transvulcania, el parapente, o surf. Nuestros jóvenes prefieren ser surferos y tener miles de seguidores, mientras denigramos económica y socialmente la tierra y el campo, no compramos productos de la tierra, pues hemos de pagar lo que cuesta producir para vivir con dignidad.
Antes, la tierra la relacionábamos con la comida, pues no entraban todos los días en Canarias más de 50 frigos de 20 Tm diarias de alimentos. Eso sí, nos encanta hablar de Kilómetro 0, economía circular, adornos y bla, bla.
En Icod el Alto, a los agricultores que mantienen la rotación de cultivos (cereales-legumbres-papas), para luchar contra la polilla guatemalteca, no los ponemos como referencia social en un pueblo. Una fiesta es botellón, decibelios, luces y banderas, los maestros de la tierra son ignorados. Y luego importamos papas, devaluando los ingresos de nuestros agricultores, 15 € por 25 Kilos de papas, precios ruinosos.
Tierra y dinero, oferta y demanda. En toda la historia de Canarias, no habíamos tenido una devaluación como los niveles actuales, ¿la tierra para quien la trabaja?. La degradación de la actividad agraria, desde Lanzarote a La Palma, el minifundio, en muchos casos el campo sin gestión, gran parte de los suelos antaño cultivados hoy son indivisos, hasta 3 generaciones sin partir.
No hay interés económico, ni de gestión de los ayuntamientos, que apenas actúan. No se fomenta la limpieza y el cultivo, no se penalizan las fincas abandonadas, haciendo responsables a los herederos. Nos encontramos casos insólitos, con la venta de las tierras más productivas de los secanos de Canarias a precios de saldo, ya que no hay demanda, nadie quiere comprar tierra para trabajarla, y mientras nuestros jóvenes en paro pendientes de una paga "sin hacer nada".
Aquí y ahora, la tierra es sucia, la hemos devaluado, confundimos valor y precio, mundo real y apariencia. No somos capaces de actuar porque lo irreal ha ocupado el papel de lo real, la sociedad del espectáculo, de la imagen.
Hemos separado nuestros estómagos de la tierra y nuestras mentes de la realidad. Hemos confundido progreso y futuro con un mundo de farándula, en la que el trabajo, el esfuerzo, el valor de las cosas, la naturaleza, lo separamos de la vida, por un supuesto mundo de robótica y de agricultura no presencial.
Aquí y ahora, ni el Covid-19, ni lo que ha ocurrido en California o en las pateras en los últimos días, nos hacen meditar sobre la tierra, sobre valor y precio. Aún queda pan de la boda, por eso vendemos las mejores tierras a 3 € el m2

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