02 de octubre de 2020
02.10.2020
Manual de objeciones

¡Okupas del mundo, uníos!

01.10.2020 | 23:17
¡Okupas del mundo, uníos!

Caso A. Una madre desesperada, que quiere alimentar a sus hijos, roba varios artículos de una pequeña tienda de alimentos propiedad de una modesta anciana. Caso B. Esa misma madre roba los mismos artículos y por las mismas razones en un gran supermercado. En España hay muchos políticos –incluso puede que usted mismo– que consideran que los dos casos no son iguales. Sostienen que aunque se haya robado lo mismo los casos de la anciana y el supermercado no son iguales.
La aplicación de las leyes, a veces, permite entender los matices de cada caso. Pero es un mundo discrecional muy resbaladizo. Porque imaginemos que a la anciana viuda de la tienda de comida no le roba una madre desesperada, sino un joven delincuente que quiere vender la mercancía para comprarse droga. ¿Entonces sí sería moralmente reprobable? ¿Y si es un yonki en Mercadona?
Alguna buena gente de la izquierda verdadera considera que a los bancos, a las grandes empresas y a los millonarios se les puede robar porque ellos han robado previamente a la sociedad para hacerse ricos. Lo cual es falso de cojones. No todos los casos son similares. Y de igual manera, consideran que si el propietario de un piso vacío es una entidad financiera o un fondo de inversión, la ocupación de ese inmueble por una familia, por unos jóvenes o por un pelotón de guerreros zulúes, es legítima. Pero el derecho a la propiedad no es relativo. O existe para todos o no existe para nadie.
El Estado tiene la obligación de defender la seguridad jurídica de Agamenón lo mismo que la de su porquero. La indefensión de muchísimas familias, a las que les han ocupado viviendas sin que nadie les ayudase, está desembocando en un clima de tolerancia cero hacia las ocupaciones. Pero hay partidos que se oponen a legislar para proteger la propiedad privada y echar de forma rápida a quienes han ocupado las viviendas ajenas.
Tal vez para que todo cambie haya que tomar soluciones valientes. Imaginemos, por ejemplo, que familias necesitadas de un techo para sus hijos revientan las sedes de los partidos políticos –que empiecen por los más comprensivos, por supuesto– para ocuparlas y ponerse a vivir en ellas. Sería una excelente idea. Que se podría extender a la pacífica ocupación de los ministerios, dependencias y edificios oficiales, muchos de ellos absolutamente abandonados y otros, aunque ocupados, absolutamente inútiles, como todo el mundo sabe. El principal propietario de bienes inmuebles en este país es el sector público así que calculen la cantidad de gente que puede ponerse bajo techo, con agua, luz y calefacción garantizados.
Si los políticos y su gestión de las administraciones públicas –y del dinero de todos los españoles– no han dado respuesta al problema de la vivienda, lo lógico es que lo paguen ellos y no los ciudadanos, que bastante han hecho con pagar sus impuestos. ¡¡¡Okupas del mundo, uníos!!! Vayan a sus sedes. Ocupen sus dependencias. Plántense a vivir en sus palacetes y chalés. Y ya verán qué rapidito lo arreglan todo.

El recorte

Esa fachada es una ruina. Estremece de puro éxtasis que el Ayuntamiento de Santa Cruz haya propuesto al Gobierno de Canarias que las ruinas de lo que fue el edificio del Balneario sean transformadas en un centro de Salud. Una gran idea. Aunque igual podrían haber propuesto que fuese una sede de la ONU. O una delegación de la NASA. O el centro de control de la TIA de Mortadelo y Filemón. Puestos a soñar... Resulta que durante muchísimos años, en la época en que los perros se ataban con longanizas y a las administraciones les salía el dinero por las orejas, el Balneario estuvo abandonado, convertido en una ruina. Y nadie se acordó de él. Para nada. Ahí estuvo, un ilustre pegote más en la horrorosa fachada de Santa Cruz hacia el mar. Porque somos la única capital de la galaxia que teniendo la vecindad de un mar maravilloso le ha dado la espalda, construyendo una muralla para no verlo. Nuestro malecón es un largo paseo lleno de solares cochambrosos, grúas, contenedores, depósitos de combustibles, gasolineras, tuberías y edificios abandonados, entre otras quincallas. Ahora, que nos adentramos en la crisis más peluda que hayamos vivido... Ahora que no hay un duro en las administraciones públicas... Precisamente ahora, a alguien se le ocurre la feliz idea de anunciar que lo van a arreglar. El tiempo nos dirá si es verdad o solo otra acción de propaganda.

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