26 de septiembre de 2020
26.09.2020

Ministros

26.09.2020 | 06:45
Ministros

El Gobierno venezolano acaba de nombrar ministra de Economía a la señora Delcy Rodríguez, protagonista del muy sonado encuentro con Ábalos en Barajas cuando la hoy vicepresidenta primera y titular de la cartera económica en Caracas intentó entrar en la Comunidad Europea pese a tenerlo prohibido. Los diarios han resaltado que a la señora Rodríguez no se le conoce formación ni experiencia alguna en cuestiones de economía, y justifican su nombramiento por el hecho de que Venezuela se encuentra en condiciones de dictadura. Pero me pregunto qué demonios sucede entonces en un país democrático, con no larga pero sí fecunda tradición de régimen parlamentario, cuando se nombra ministro de Sanidad a un filósofo sin formación ni experiencia conocidas en asuntos relativos a la salud. Recurrir a la voluntad del dictador es, en nuestro país, absurdo –por más que al presidente Sánchez se la atribuyan, a título de metáfora, actitudes de sátrapa– así que en ambos casos, en el venezolano y en el español, habrá que buscar otras razones que expliquen los nombramientos. Una de las más socorridas alude a que los ministros no tienen por qué saber gran cosa de los asuntos técnicos relacionados con sus carteras; lo que deben mostrar es una gran capacidad para administrar. Cosa que incluye el rodearse de expertos que, ellos sí, cuenten con conocimientos demostrados en la materia que el ministerio controla. Olvidémonos ahora de la señora Rodríguez y su gestión económica, que lo que más nos importa es el timón de la sanidad ahora que en nuestro país el rebrote de la pandemia nos tiene muy preocupados. ¿Sabe administrar el filósofo Illa un ministerio como el de Sanidad? En realidad la pregunta, en términos estrictos, es absurda porque estando transferidas a las comunidades autónomas todas las competencias sanitarias ese ministerio se encuentra vacío de funciones, de personal y de presupuesto. En semejantes circunstancias, hasta yo mismo podría encargarme de él y, como resulta de dominio público, el dárselo a un militante destacado del Partido de los Socialistas de Cataluña no es sino una forma de pagar el precio del apoyo de Miquel Iceta a Pedro Sánchez. Ha sido el covid-19 el que ha precipitado el caos, poniendo de pronto en manos de un ministerio fantasma nada menos que la coordinación de la lucha contra la pandemia desde los primeros momentos en que aparecieron evidencias de contagios en España. Y la pregunta a hacerse es si Salvador Illa, al frente de esa tarea, ha sabido elegir expertos capaces de gestionar de la manera más eficaz los recursos sanitarios disponibles para luchar contra el virus. Creo que la respuesta no necesita de adjetivo alguno: basta con fijarse en cuál es nuestra situación hoy, comparados con el resto de Europa.

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