19 de septiembre de 2020
19.09.2020
A babor

Camino a dónde€

19.09.2020 | 00:45
Camino a dónde€

Si no se produce un milagro que evite que sigan adelante los planes del Gobierno Sánchez sobre los ERTE, de los 700.000 trabajadores que están protegidos por los expedientes de regulación, sólo 190.000 podrán acogerse a la protección de sus puestos de trabajo "por causa de fuerza mayor". El resto quedarán desprotegidos y corren el serio peligro de verse en la calle: muchas de sus empresas ya tienen autorización para extinguir puestos de trabajo sin devolver las ayudas recibidas, porque en la mayoría de ellas han transcurrido seis meses desde que incorporaron al primer trabajador.
La propuesta del Ejecutivo –si no se produce un cambio de última hora, fruto de la presión de sindicatos y empresarios– limitará los ERTE por fuerza mayor solo a hoteles, agencias de viaje, el sector de la aviación y las compañías de teatro, y dejaría fuera comercio y restauración, dos de los sectores más castigados por la crisis. Un desastre. Si eso ocurre, el gigantesco esfuerzo fiscal realizado para evitar despidos masivos no habrá servido absolutamente para nada, excepto para retrasar la hecatombe, que se va a complicar a partir de marzo, cuando las empresas tengan que empezar a devolver los créditos ICO. Es poco probable que las que no han conseguido recuperar su actividad, y que han utilizado los créditos para pagar sus compromisos hipotecarios, alquileres, deudas con proveedores o con la Seguridad Social, puedan devolver el dinero. Lo peor es que el Gobierno –si las empresas son la mayoría- no podrá cumplir con su papel de avalista. Probablemente, Sánchez dejará a los bancos el embolado de hacer frente a una enorme cadena de impagos o se buscará alguna forma de renegociar el crédito un año más, aunque sólo sea para retrasar el colapso. Pérdida masiva de empleo, empresas cerradas o endeudadas hasta las cejas, una nueva crisis bancaria y un Gobierno en crisis fiscal parece ser lo que nos depara el futuro próximo en todo el país. Y si esa es la previsible cascada de desastres a escala nacional, en Canarias la situación se verá agravada por la dependencia del empleo, la renta y la riqueza regional del turismo, una actividad parada. Nos cuentan desde el Gobierno regional que al menos llegará el dinero de Europa, maná salvador al que todo se confía. Europa se ha comprometido en el mayor esfuerzo fiscal de su historia, pero –con buen criterio- ha condicionado las ayudas a que los países hagan su tarea en reducción de gasto innecesario y usen los recursos que reciban para el cambio de nuestra economía en dirección a prácticas y políticas sostenibles. Se trata de aprovechar la situación creada por la pandemia y la devastación económica que empieza a notarse, para forzar la incorporación de toda Europa a la economía verde.
Quizá esa es la única buena noticia en todo este drama: la reiteración de que todas las crisis comportan la posibilidad de oportunidades, de iniciativas de cambio y superación. Pero hasta las buenas noticias tienen su reverso oscuro: la de esta es que falta apenas un mes para presentar en Europa los proyectos y nadie ha hecho nada. Ni en el Gobierno de la nación ni en el de Canarias. Las iniciativas, planes y programas que Europa nos exige para soltarnos la morterada no están siendo trabajadas por nadie. Se discute mucho, se pleitea en todos los foros, pero nadie se ocupa de hacer que los papeles se muevan. Todo va dramáticamente lento.

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