18 de septiembre de 2020
18.09.2020
Manual de objeciones

Recuerdos bancarios

18.09.2020 | 00:24
Recuerdos bancarios

El ser humano es un animal que tropieza siempre dos veces con la misma piedra (con la excepción de la especie canaria, que es capaz de hacerlo tres veces). Por eso la gran solución que se ha adoptado para fusionar Caixabank y Bankia es la última secuela de aquel gran maremoto de la extinción de las cajas de ahorro que le costó a este país cien mil millones de euros.
Hay partidos que repiten una y mil veces que España tuvo que salvar a la banca, porque si repites una mentira mil veces a veces consigues que sea verdad. Pero es falso. La banca privada de este país tiene pasta para ahogarse y nunca ha necesitado el auxilio de los presupuestos. La operación de salvamento nacional la hicieron los políticos para salvar el trasero de la banca pública, esas cajas en cuyos consejos de administración vegetaban viejos cargos de los partidos, sindicatos y empresarios, en alegre comandita inmobiliaria.
Cuando llegó la crisis del crédito de 2008, a las cajas las cogió en pelota picada. Los créditos al ladrillo le salían por las orejas. Y alguien diseñó una brillante operación consistente en decir que uniendo diez agujeros el agujero resultante sería mucho menor. Una curiosa teoría matemática que resultó igual de falsa que las promesas de una campaña electoral.
Canarias, cuando tuvo sueños de país, pensó en contar con una banca propia. Hubo un pequeño experimento llamado el Banco de las Islas Canarias, que acabó como la horchata de chufla. La segunda gran esperanza eran las Cajas de las dos grandes islas. Pero entregadas a la incompetencia de los validos políticos, cuando llegó la turbulencia se convirtieron en carne de cañón. Y se entregaron a las fusiones con otras cajas peninsulares para quitarse de en medio. Adiós al sueño.
Una vez reunidas todas las cajas, el Gobierno las capitalizó, las ordenó y se las entregó con un lacito a los grandes bancos españoles para que se las merendara en una dieta ligera de calorías. Y el negocio bancario quedó limpito y despejado para que nos pudieran seguir cobrando comisiones y cláusulas suelo a troche y moche.
Ahora, la secuela de aquella historia es la fusión de dos bancas con origen en Cataluña y Madrid. ¿Le suena de algo que estas dos comunidades se repartan el pescado? Una operación que se presenta como la creación de un gran banco pero que como conclusión práctica va a suponer la desaparición de cientos de oficinas y miles de puestos de trabajo de la super entidad resultante. Y el pufo de Bankia, salvada con el dinero de los impuestos de todos los españoles y los créditos europeos, habrá terminado con un final feliz.
Las cajas de Canarias ya están perdidas en las brumas de la memoria. Como tantas cosas que hemos perdido. Como la industria del tabaco, los puertos francos o las nostalgias de un país que, una vez, hace mucho tiempo, era un floreciente enclave de comercio y negocio que vivía de su propio talento.

El recorte

Una detención espectacular. La Guardia Civil detuvo ayer a la alcaldesa de Mogán, la independiente Onalia Bueno, y a dos de sus concejales, por una supuesta compra de votos en las elecciones municipales de 2015 (y dicen que 2019). Lo más extraño del asunto es que los guardias civiles realizaron un registro en el ayuntamiento y en las empresas municipales. ¿Y eso qué tiene que ver con los de la compra de votos?¿Es que los concejales guardaban los comprobantes de los votos adquiridos en los cajones de las dependencias oficiales? Rarito. Lo más normal es que se hubiese registrado la sede del partido o las casas particulares de los investigados. En todo caso, el registro y la detención se produjeron en medio de la visita de líderes del PP al municipio y después de que la alcaldesa denunciara, en una durísima rueda de prensa, el comportamiento de la delegación del Gobierno de España en Canarias y la inhumana situación de los inmigrantes hacinados en el muelle de Arguineguín. Probablemente no tenga nada que ver, pero es muy difícil que los malos pensamientos de uno se vayan por extraños derroteros. La coincidencia en el tiempo de las dos cosas, tan seguidas, es muy llamativa. Y la "pena de telediario" de la alcaldesa y su equipo es, asimismo, muy oportuna. Ya veremos dónde acaba esto y las pruebas de que se disponen para una actuación tan expeditiva. Deben ser, en todo caso, muy gordas.

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