17 de septiembre de 2020
17.09.2020
A babor

La táctica de Salomón

17.09.2020 | 00:47
La táctica de Salomón

El PSOE manejaba distintas opciones para hacer frente a la crisis abierta en Arona por la denuncia presentada por Luis García, siendo aún concejal de urbanismo, y en la que señalaba la posibilidad de que en el Ayuntamiento se estuvieran produciendo situaciones delictivas, en las que podrían estar implicadas personas del entorno del alcalde Mena. La decisión podría haber sido expulsar al alcalde por considerar ciertas las acusaciones, o considerarlas falsas y defender al alcalde y expulsar al concejal.
Pero la situación de Arona es mucho más complicada que eso: no tiene demasiado que ver con si el alcalde es un hombre honesto o no, si ha metido la mano en la lata del gofio o no lo ha hecho, algo que quizás algún día nos aclaren los tribunales, sino con el hecho de que el grupo municipal de Arona se haya fraccionado en dos mitades irreconciliables, una que quiere que el alcalde siga, y otra que quiere que se vaya. Probablemente, los motivos de quienes están en uno u otro grupo –cada uno con el mismo número de ediles, siete– tienen poco que ver con la creencia de que el alcalde sea un santo varón o –muy al contrario– un golfo de tomo y lomo. En política –y en casi todo– las lealtades y creencias son consecuencia más de los intereses que de las certezas o convicciones. Es posible que a Mena le apoyen tanto concejales que no se cuestionan su ejecutoria, como otros que –aún cuestionándola- lo consideran mejor apuesta. Y a la inversa, es posible que entre quienes quieren quitar a Mena haya gente que no lo haga por pensar que se ha engolfado, sino porque esperan que sin Mena –y a la sombra de quien le sustituya– su posición política en el municipio puede mejorar.
Ante la situación de división del grupo, lo que ha hecho el PSOE es adoptar una decisión tan salomónica como incomprensible: han decidido abrir expediente a los cabecillas de ambos grupos –Mena y su denunciante, el ex concejal de Urbanismo, Luis García– con intención de expulsarlos a ambos. Y de paso, han metido en el lote al antiguo presidente del PSOE aronero, el simpar Agustín Marichal, pero a él lo expedientan por bocazas, porque cada vez que habla se le calienta el pico y la lía.
La decisión de la Federal socialista, suscrita por la regional y la insular del partido, es cuando menos arriesgada. Olvidémonos de momento de lo que pueda ocurrir en las próximas semanas o meses en Arona, y pensemos en lo que ocurrirá cuando los tribunales se pronuncien: digan lo que digan, el PSOE se habrá equivocado, o por expulsar a Mena o por expulsar a García.
Pero es que al PSOE en este asunto lo que sea de justicia se la trae al pairo. Al PSOE lo que de verdad le preocupa es perder el poder en Arona, y teme que si apuesta por una de las partes, ocurrirá que la otra pacte con la oposición y deje al PSOE en la calle. Lo que intentan hilvanar desde la comisión gestora es un imposible acuerdo entre capuletos y montescos, con un nuevo alcalde de consenso, que restañe heridas y resuelva las cosas. Tienen pocas posibilidades de lograrlo, porque Mena está dispuesto a atrincherarse en la alcaldía, y le importa una higa el daño que eso pueda hacerle al PSOE o a quienes aún le acompañan en su numantina resistencia.

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