16 de septiembre de 2020
16.09.2020
A babor

Subir impuestos y reducir gastos

15.09.2020 | 23:46
Subir impuestos y reducir gastos

La aprobación de los Presupuestos Generales del Estado 2021 supone la gran prueba de fuego para este Gobierno dividido en dos que es hoy el de España. Los ministros, ministras y ministres del PSOE y Unidas Podemos polemizan entre ellos ante cada propuesta: si una es partidaria de congelar salarios, otro lo es de subirlos; si uno cree que hay que retrasar la edad de jubilación, siempre sale quien considera que hay que reducirla; si una plantea la necesidad de derogar la reforma laboral del PP, un colega suyo de Consejo dice que nanai; si uno cree que no hay que subir impuestos, el otro dice que solo si se gasta más. Es una situación bastante inédita en la historia de España: un Gobierno que se debate entre dos políticas básicamente enfrentadas, pero aun así se sostiene en ese imposible desequilibrio. En otros tiempos la supervivencia de un Gobierno en minoría e instalado permanentemente en la división habría sido imposible, pero hoy la política se basa únicamente en la conservación del poder, y los dos partidos que sostienen a Sánchez son capaces de convivir en el conflicto sin preocuparles demasiado que los objetivos del Gobierno resulten erráticos. Tampoco hay una alternativa frente a ellos.
Mientras unos y otros se entretienen en sus juegos de poder, la pandemia ha provocado una recesión de proporciones bíblicas. España es hoy el segundo país del mundo que más ha destruido su propia capacidad para crear riqueza. Para evitar –o al menos retrasar– una hecatombe social, el Gobierno puso en marcha una carísima red de protección –los ERTE– que se quiere mantener en algunos sectores al menos hasta que comience la recuperación. Todo eso, en un país con la deuda pública disparada y a punto de batir su propio récord de déficit público. Así las cosas, para evitar la quiebra del Estado, solo hay dos opciones: o más impuestos o menos gastos.
Yo no creo que a estas alturas se trate de elegir entre más castigo para quienes tienen trabajo o renta, o generan más recursos, o más castigo para los que dependen del Estado. Lo razonable es una combinación de políticas que reduzcan el gasto, por la vía de eliminar todo lo que es superfluo y mejorar la gestión de lo público, y que al mismo tiempo redefina el sistema tributario, para que paguen más sobre todo quienes de verdad tienen más, y no las clases medias agotadas y depauperadas que intentan mantenerse a trompicones.
El porcentaje de ingreso y gasto público está bastante por debajo de la media europea, más cerca de sistemas liberales como el de Irlanda, que de sistemas sociales como el de nuestra vecina Francia. El sistema tributario español deposita la carga en el trabajo y el consumo y no en la riqueza y el capital, y ese es el principal problema de nuestra fiscalidad. Un problema que debería resolverse si queremos evitar que las conquistas del Estado del bienestar se desvanezcan en el aire, y vayamos a un ajuste muy severo que sin duda afectará a la recuperación. Pero exigir a las grandes fortunas y empresas que paguen más por la riqueza, el patrimonio y los beneficios no servirá de mucho si no se reduce el gasto superfluo. Lo que no parece sensato –aunque sea lo único en lo que los dos partidos del Gobierno coinciden– es seguir gastando sin freno, hipotecando el futuro de nuestros hijos y nietos como si no hubiera un mañana.

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