02 de septiembre de 2020
02.09.2020
A babor

Miedo al cole

02.09.2020 | 00:16
Miedo al cole

Una intervención de la diputada Vidina Espino en la comisión de Educación celebrada este lunes superaba ayer las cien mil reproducciones, cuando no habían pasado aún 24 horas desde que fuera colgada en red por una madre atemorizada ante la inminente apertura del curso escolar. Es poco frecuente encontrar en las redes intervenciones parlamentarias que se reproduzcan tan masivamente y en tan poco tiempo. Algo tendría que ver con el asunto que Espino comenzara su intervención exteriorizando su condición de madre preocupada por tener que mandar a su hijo al colegio. Lo normal, con las informaciones nada halagüeñas que circulan sobre el descontrol de la pandemia, es que los padres tengan pánico a exponer a sus hijos al contagio y que muchas familias se resistan a enviar a los niños a los centros.
La cuestión es que lo que pueda ocurrir tras la apertura de centros es impredecible. Y no porque no se esté haciendo todo lo que se puede hacer: la consejera de Educación adelantó ayer la contratación de 2.500 profesores adicionales, de ellos 1.700 para Educación Secundaria y 800 para Infantil y Primaria, además de comprometerse a reforzar los equipos de limpieza de los centros (de tal forma que en todos ellos haya al menos un trabajador desde las ocho de la mañana a las cuatro de la tarde), y a tirar de 400 nuevos auxiliares de comedor para encarrilar los movimientos y acomodación del piberío. Todo este personal, que aún no han empezado a contratarse –faltan menos de dos semanas para el inicio del curso- tendrá contratos que serán renovados trimestralmente, en función de la evolución de la pandemia.
Uno se pregunta por qué habría de variar el número de profesores si la pandemia empeora. Y la respuesta a esa pregunta es que si la cosa empeora y se suspenden masivamente clases, sobrarán profes. La Consejería contempla el lanzamiento de aulas virtuales conveniadas con los dos gigantes de la información, Google y Microsoft, como alternativa a la presencialidad. Es una alternativa que, si no cambia la cosa antes del día diez, se impondrá en Gran Canaria, Lanzarote y el Hierro.
La consejera Armas, desafortunadamente agraciada por Torres con el premio gordo de hacerse cargo en dos meses de una apertura de curso imposible y realizada a uña de caballo, ha despejado también algunas dudas, recordando a los centros privados que las clases no pueden comenzar antes del 15 de septiembre. Armas también garantiza que no se permitirá que en ningún aula haya más de 25 alumnos, lo que obligará a desdoblar clases por la tarde. A partir de los seis años, todos los alumnos deberán usar mascarilla marcada con su nombre. Más medidas tranquilizadoras: las aulas se mantendrán con las ventanas abiertas si es posible, habrá responsables de Covid en cada centro (no serán sanitarios, la consejería no sabe de dónde sacar tantos), padres y empleados de los centros tomarán la temperatura, las guaguas se desinfectaran a diario y los chicos tendrán asiento asignado en ellas, en las clases, en el comedor€ Además, habrá hidrogel disponible y será obligatorio lavarse las manos cinco veces al día.
Aún así, suponiendo que todo se haga a rajatabla, van a producirse muchos contagios, van a suspenderse muchas clases y es probable que cierre más de un centro. Es normal que el regreso a las aulas provoque tanto miedo. No es un miedo injustificado o irracional.

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