Hace ya su tiempo que Leopoldo Santos abandonó -hastiado y machacado- la dirección del área de Cultura del Cabildo de Tenerife. Durante este par de meses se ha hablado de candidatos que se han entrecruzado como espadas flameantes el PSOE y Ciudadanos, porque ya saben ustedes que ningún partido se muere por cumplir la ley y seleccionar para esos altos cargos a funcionarios de carrera en un concurso de méritos abierto. Si finalmente ninguno de los candidatos se ha hecho con la plaza es porque ni Pedro Martín -al parecer presidente del Cabildo tinerfeño- ni Enrique Arriaga -aseguran los mejor informados que su vicepresidente- están dispuestos a retirar sus propuestas. Es maravilloso comprobar el contraste entre el escasísimo interés por diseñar y gestionar una política cultural y la defensa enrabietada de pequeñas cuotas de poder que incluso producen tensiones de cierta gravedad entre los socios de un pacto de gobierno. No, no existe maldita política cultural desde la corporación insular ni ha existido el mínimo interés por amasarla en el equipo de gobierno. Puede entenderse que no tengas perfilada una estrategia al ganar las elecciones, pero que un año después sigas mareando la perdiz solo demuestra que la gestión cultural no ha sido ni será una prioridad para Pedro Arriaga o Enrique Martín. La pandemia desatada desde el pasado marzo ha venido estupendamente para evitar cualquier esfuerzo, excepto la "reprogramación hasta finales de año" de propuestas e iniciativas previstas y que en su inmensa mayoría (eventos como MAPAS o el Festival de las Artes en Movimiento) fueron concebidos y puestos en marcha en anteriores mandatos.

Espero que nadie se moleste excesivamente si uno opina que el año de Matilde Zambudio al frente de la política cultural del ayuntamiento de Santa Cruz fue un desierto donde no floreció ni la más triste ocurrencia. Al fin y al cabo, ¿por qué la señora Zambudio tenía que saber de estas cosas? ¿Por qué debía interesarse por la cultura y el patrimonio histórico de una ciudad sobre cuya historia no conoce un rábano? No hizo nada, absolutamente nada en materia cultural, aunque, con la misma sinceridad se los digo, señoras y señores, niños y niñas, no sé si es peor una Zambudio inerte o un José Carlos Acha hiperactivo. Al menos la exconcejal de Cultura llegó a convocar la plaza de gerente del Organismo Autónomo de Cultura que ha estado vacante nada menos que cinco años. Un lustro nada menos desde que un solvente técnico, Jerónimo Cabrera, huyó espantado o simplemente harto de los despachos municipales (en la actualidad es gerente del TEA). Otro detalle gracioso: el concurso para designar al responsable del OAC del Ayuntamiento de Santa Cruz se ha visto paralizado en las últimas semanas. El concurso se ha detenido y nadie sabe cómo ha sido. No llame al Ayuntamiento de Santa Cruz para enterarse. Sonará el timbre del teléfono media docena de veces y luego solo silencio.

-¿Cultura?-, preguntará usted.

-Con ella habla.

No vale la pena repetir la importancia económica de la actividad cultural, su capacidad para generar incluso valor añadido en una comunidad si dispone de los necesarios soportes y contextos institucionales, su valor instrumental para la dinamización social, su fuerza como elemento de cohesión. No vale la pena repetirlo porque lo llevamos diciendo y escribiendo veinte años, y maldito el caso que nos hacen.