31 de agosto de 2020
31.08.2020
Observatorio

¿Nueva normalidad o nueva realidad?

31.08.2020 | 06:45
¿Nueva normalidad o nueva realidad?

Dos años después de ser galardonado con el Premio Nobel en 1960, el virólogo australiano Frank Macfarlane Burnet declaraba que "escribir sobre enfermedades infecciosas era casi como escribir de algo que ha pasado a la historia". Sin duda, el científico pecó de optimismo: las enfermedades infecciosas siguen viviendo con nosotros y probablemente siempre lo harán. Pero eso no es óbice para que hoy en día, en los países desarrollados, estadísticamente hablando seamos más propensos a morir de una enfermedad no transmisible, como un paro cardiaco o el cáncer, que por los patógenos que se llevaron para siempre a muchos de nuestros antepasados. Ciertamente, desde una perspectiva histórica a largo plazo, el declive de las enfermedades infecciosas constituye una evidencia más de que la vida de los humanos en el planeta ha mejorado.
Sin embargo, no hay ninguna garantía de que esa tendencia continúe indefinidamente en el futuro. El número de nuevas enfermedades infecciosas, como el SARS, el VIH y ahora el covid-19, se han incrementado, casi cuadruplicándose en el último siglo, mientras que tan solo desde 1980 el número de brotes epidémicos por año se ha más que triplicado. Al respecto, conviene tener presente que en el transcurso de los últimos 50 años el número de habitantes del planeta se ha multiplicado por más de dos, lo que significa que hay más seres humanos susceptibles de ser infectados y a la vez capaces de infectar, especialmente en ciudades densamente pobladas. Tampoco debemos pasar por alto que en la actualidad criamos más ganado y convivimos con más animales que en todo el periodo que va desde 10.000 años de domesticación a 1960. Por otra parte, vivimos en una economía globalmente interconectada, con largas cadenas de suministros, y esta misma capacidad de interconexión, es decir, de desplazar personas y mercancías a casi cualquier lugar del mundo en 24 horas o menos, permite el afloramiento y facilita la rápida expansión de nuevas enfermedades infecciosas.
En este contexto, tal vez se pregunten por qué científicos prestigiosos como Macfarlane Burnet pensaban hace poco más de medio siglo que tales enfermedades eran cosas del pasado. Básicamente, la razón es que las grandes epidemias conocidas hasta entonces tuvieron lugar con anterioridad al advenimiento de la medicina moderna, antes del desarrollo de los antibióticos y también el uso generalizado de las vacunas.
Ciertamente los antibióticos han salvado cientos de millones de vidas desde el descubrimiento casual de la penicilina en 1928. Sin embargo, la resistencia bacteriana a estos medicamentos está creciendo año a año, un hecho considerado por muchos expertos como una de las mayores amenazas para la salud pública. Según un estudio del 2018, solo en Europa, 33.000 personas mueren cada año por infecciones resistentes a los antibióticos. Este fenómeno, denominado por algunos el apocalipsis de los antibióticos, nos sitúa ante el peligro de retornar a unos tiempos en los que incluso una infección ordinaria podía matar.
Pese a todos los avances experimentados contra las enfermedades infecciosas, nuestro espectacular crecimiento nos ha hecho más vulnerables, no menos, a los microbios que, no lo olvidemos, evolucionan 40 millones de veces más rápido de lo que lo hacen los humanos. Algunos expertos creen que las nuevas pandemias podrían matar a cientos de millones de personas en todo el mundo. Porque, además de los factores ya comentados, no hay que olvidar que el cambio climático está ampliando el área de actuación y el espectro de animales e insectos transmisores de enfermedades, como por ejemplo el mosquito que transmite el virus del zika. Ni que la Organización Mundial de la Salud, que tan bien funcionó durante el SARS, ha gestionado tan mal los brotes recientes que demanda a voces una reforma urgente. Y para acabarlo de arreglar, incluso la psicología humana no parece estar a la altura de las circunstancias: la extensión del escepticismo y del activismo contra las vacunas se ha visto acompañada por la resurrección de enfermedades controladas desde hace tiempo, como por ejemplo el sarampión.
Hoy en día afrontamos el riesgo de la globalización de las enfermedades infecciosas y en el futuro este riesgo podría aumentar, materializándose en nuevas y cada vez más frecuentes pandemias. Una vez controlado el covid-19, habrá que plantearse si debemos simplemente acomodarnos a una nueva normalidad o prepararnos sin demora para enfrentarse a una nueva realidad.

(*) Catedrático de la Facultad de Ciencias de la Tierra (UB).

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