13 de agosto de 2020
13.08.2020

La Unión Europea y la industria farmacéutica

12.08.2020 | 23:01
La Unión Europea y la industria farmacéutica

La Unión Europea parece presa de las multinacionales farmacéuticas, que invierten anualmente millones de euros en los lobbies que operan en Bruselas y tratan de influir en la legislación comunitaria.

Según un informe del Observatorio de la Europa Corporativa, los principales laboratorios del mundo dedican a ese fin entre 14, 6 y 16,3 millones de euros cada año.

Se calcula que el dinero que invierten en cabildeo en la capital comunitaria los gigantes del sector farmacéutico superan los 40 millones de euros y puede llegar, según algunas fuentes, a los 91 millones de euros, más de lo que gastan sus lobbies en Washington.

Entre las tareas de sus lobbies está, por ejemplo, la defensa ante la Comisión de los conocidos como "certificados de protección suplementaria", que extienden el período de validez de las patentes y retrasan la fabricación de genéricos mucho más baratos.

En marzo de 2018, la Comisión Europea propuso a la llamada Iniciativa de Medicinas Innovadoras (IMI), organismo público- privado con sede en Bruselas, acelerar el desarrollo de vacunas contra los agentes patógenos para estar preparados ante un posible brote epidémico.

La IMI declinó, sin embargo, la invitación: según se desprende de las actas de la reunión celebrada entonces, a las que ha tenido acceso el Observatorio de la Industria Corporativa, ello se debió sobre todo a la falta de interés de la industria farmacéutica.

La Iniciativa de Medicinas Innovadoras está financiado en un 50 por ciento por la Comisión (1.640 millones de euros) así como por el sector privado, pero, como denuncia el semanario italiano "L´Espresso", los grandes laboratorios que forman parte de su directorio no ponen un euro.

En sus doce años de existencia y en dos mandatos sucesivos, los laboratorios integrados en la Federación Europea de la Industria Farmacéutica, han aportado a la Iniciativa el tiempo y la labor de sus investigadores, reservándose, eso sí, a cambio los derechos de explotación en exclusiva de los frutos de ese trabajo.

El pasado marzo, la IMI lanzó un concurso por un valor de 45 millones de euros para el desarrollo de terapias y diagnósticos que pudieran ayudar a combatir el Covid-19. Llegaron tantas respuestas que en mayo, decidió incrementar hasta 72 millones el presupuesto.

De ese modo, la Iniciativa está actualmente en primera línea de combate contra el coronavirus en lo que se refiere a inversiones y compromisos. Son más de 120 los proyectos financiados por la Comisión Europea en los que trabajan actualmente las multinacionales en él integradas.

Pero, como denuncia en su informe el Observatorio de la Europa Corporativa, los recursos puestos a disposición de la IMI no conllevan condiciones, por lo que queda por ver si los resultados que se obtengan de las investigaciones serán asequibles para todos.

Los autores del informe acusan a la Iniciativa de no estar contribuyendo a facilitar la asequibilidad de los fármacos, como corresponde a su mandato. Por el contrario, refuerza un sistema de precios cada vez más oneroso para los presupuestos sanitarios nacionales.

Como señala el semanario italiano "L´Espresso", una de las publicaciones europeas que ha tenido acceso a ese informe, "los precedentes no son alentadores".

Muchos de los miles de muertos por el virus del Ebola habrían podido evitarse si la Iniciativa hubiese dedicado desde el primer momento sus recursos a buscar una vacuna contra una enfermedad de elevada letalidad pero que parecía golpear sólo a los países pobres.

Hasta 2014 la Comisión Europea, denuncia el semanario, no dio indicaciones precisas para que desarrollara la vacuna a pesar de tener a cinco de los diez miembros en el comité de dirección de la Iniciativa.

El Observatorio de la Europa Corporativa critica el peso excesivo de los grandes laboratorios en ese partenariado público-privado con la Comisión Europea, que, según muchos, incumplió el papel que le corresponde de vigilar el uso de los fondos y priorizar los proyectos según las necesidades sanitarias de los países y no en función de los dividendos de los accionistas.

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